jueves, mayo 31, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXXIII

A la mañana siguiente al despertar me di cuenta de que aún seguía en los brazos de Bruno, él dormía profundamente y yo me dediqué a mirarlo por un buen rato. Luego me levanté, me di una ducha y cuando terminé de vestirme él ya había despertado. No era tan tarde pero para mi cada hora del día era indispensable porque quería disfrutar todo al máximo, así que burlona le dije:
-¡Ya era hora de que despertaras! ¡Flojo!
-Lo siento es que me quedé dormido de amanecida.-Dijo aun dormido.
-¿Por qué? ¿¡Me moví mucho!? ¡Disculpa!-Me apresuré a decir.
-¡No, nada de eso! Fui yo el que no se quiso dormir antes.
-¿Cómo? Y ¿por qué no? No entiendo.-Dije mientras me sentaba a su lado.
-Es que te veías tan linda durmiendo…sin darme cuenta amaneció mientras te miraba.-Contestó.
Con eso terminó de conquistarme, no me resistí y lo besé hasta que me cansé. Su ternura me conmovía y sabía que era sincero, era realmente lo que había imaginado de él por años, y talvez era mucho más.
A penas estuvo vestido nos fuimos a pasear por los alrededores, fuimos a los Ojos de Caburgua unos hermosos pozones con el agua más cristalina que he visto, el maravilloso bosque en el que estaban ubicadas hacían todo mucho más especial. Después de almorzar se me ocurrió que podíamos dar un paseo en bote por el lago, Bruno aceptaba todo lo que a mi se me ocurría, lo único que le importaba era que disfrutara cada minuto a su lado. Cuando llegamos a orillas del lago nos dijeron que tendríamos que esperar un momento porque estaba todo ocupado, en eso estábamos cuando de pronto una voz chillona grita:
-¡Bruno! ¿Cómo estas? ¿Disfrutando del paseo?
Emilia se acercó y venía acompañada de un tipo que parecía extranjero, me miró despectiva y besó ligeramente a Bruno en los labios, herví de rabia y mi boca no pudo mantenerse cerrada:
-¿Qué te pasa? ¿No te queda nada de dignidad? ¿No te bastó con todo lo que te dijo Bruno para que lo sigas molestando? Nada de lo que hagas va a influir entre nosotros. ¡Para tu desgracia él me quiere a mí!
-¿Si estás tan segura por qué me dices todo esto? Admite que sientes celos ¡haznos saber que no eres de piedra y que sientes!-Contestó riendo.
-¡Emilia ya es suficiente! No tienes por qué tratar así a Ofelia. En todo caso, ella tiene razón... yo la quiero a ella y nadie más. Y en vez de seguir discutiendo ¿por qué no nos presentas a tu acompañante?
-¡Ah claro! Él es William, un viejo amigo ingles cuyas vacaciones coincidieron con las mías. Lo llamé y le dije que se viniera de inmediato para acá, así le muestro lo maravilloso de Pucón.
Mientras Emilia explicaba la historia de su amigo gringo nos llamaron para entregarnos el bote, la dejamos hablando sola sin querer. Nos pusieron los chalecos salvavidas y nos subimos al bote, cuando Bruno comenzó a remar noté que Emilia se subía a una bicicleta acuática con William y que se dirigían hacia donde estábamos nosotros, se lo hice saber a “ojitos claros”, pero no le dio importancia. Yo me relajé y tampoco le di importancia, me dediqué a observar el hermoso paisaje, de un momento a otro fuimos chocados tan fuerte que ni supimos cuando nos encontramos en el agua. Cuando reaccioné vi alejarse la bicicleta de Emilia y oía su fastidiosa risa de victoria, noté que Bruno estaba tratando de dar vuelta el bote para poder subirnos otra vez así que lo auxilié. Me ayudó a subir y luego subió él, mientras remábamos de regreso nos miramos y nos pusimos a reír de lo sucedido, no le dimos el gusto a la “miss Chile” de arruinar todo. Ya estábamos empapados, pero nunca está demás otro poco de agua así que se puso a llover, afortunadamente ya casi llegábamos a la orilla cuando se hizo más torrencial. Llegamos lo más pronto posible al hotel, nos estábamos congelando así que al entrar en la habitación de inmediato encendimos la chimenea y nos pusimos un momento junto a ella para abrigarnos un poco. Bruno me abrazó y me cobijó con una manta, luego me dijo:
-Siento que Emilia haya hecho eso. No pensé que pudiera ser tan infantil.
-Tú no tienes la culpa, sólo está dolida porque la dejaste.-Contesté
Nos besamos, pero fue un beso distinto, en ese momento supe que era tiempo de entregar mi corazón por completo sin pensar en nada. Me levanté y tomé a Bruno de la mano, él me imitó y se puso de pie. Lo guíe hasta la cama, me acosté y él se tendió junto a mí, lo miré a los ojos mientras acariciaba su rostro y pensaba en lo mucho que lo quería. Temblaba entera y él lo noto, igual de nervioso preguntó:
-¿Estás segura? No quiero que te sientas presionada, nada nos apura.
-No me siento presionada, quiero estar contigo… ahora.-Respondí casi en un susurro.
Llevé una de las manos de Bruno hasta mi cintura, lo besé y él me correspondió con ternura. Posó sus labios en mi cuello recorriéndolo entero, sentí como una ola de calor llegó hasta mis mejillas haciéndolas arder. Me quitó el suéter con delicadeza mientras yo torpemente lo ayudaba a desvestirse, mis brazos rodearon su espalda desnuda y por un momento nuestras miradas se encontraron. Ahí estaba, perdida en sus ojos otra vez, atrapada entre sus besos, frágil ante sus caricias, sólo quería entregarme a él por completo, lo amaba y ya estaba lista para dar ese paso. A pesar de su evidente experiencia, Bruno parecía inseguro, supongo que temía más por mí que yo misma, pero yo disfrutaba a cada segundo el contacto de su piel rozando la mía. Cada vez que me tocaba provocaba una explosión de éxtasis que me hacía desearlo más y mi corazón latía a gran velocidad mientras él exploraba cada rincón de mi cuerpo.
No supe en que instante me quedé dormida, sólo recuerdo que me sentía la mujer más amada y la mas bonita que podía existir. Estaba embriagada de amor, aunque suene cursi, “ojitos claros” me hacía muy feliz y tanta felicidad me asustaba.

lunes, mayo 21, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXXII

Poco me duró mi postura de mujer fría, Bruno me tomó por la cintura, me acercó a él y me besó con la misma intensidad de la primera vez, con este beso me convencí de que aunque fuera para sacarle celos a Emilia, Lucas tenía razón y “ojitos claros” no hacía nada sin sentirlo. Cuando me liberó se dispuso a hablar con autoritarismo:
-¡Te vienes conmigo por las buenas o por las malas, pero vienes conmigo!
No me tuvo que rogar demasiado, porque después de ese beso ya todo me daba lo mismo, me quería ir con él sin preocuparme de Emilia, de Lucas, ni de mi estúpido miedo. Las palabras salieron solas de mi boca:
-¡Nos está esperando el bus! ¡Vamos!
El bus llegó a Villarrica una hora después, ya estaba oscureciendo entramos al hotel. En seguida Bruno pidió que nos llevaran a las piezas respectivas, que estaba una al lado de la otra, pero surgió un inconveniente. Por error habían entregado una de nuestras habitaciones a otro pasajero y por desgracia, el hotel estaba lleno. Al parecer el encargado notó que la pieza era muy chica y que tenía una sola cama bastante diminuta, así que a modo de recompensa nos ofreció una más grande, que acababan de desocupar, al mismo precio que las otras. Cuando llegamos nos dimos cuenta de que era de las más caras que tenía el hotel, era hermosa. Tenía vista al lago, una chimenea, una maravilla, el único inconveniente era que… tenía una sola cama. Con eso entré en pánico y se lo hice saber al amable anfitrión que nos atendía, pero Bruno interfirió diciendo que no hiciera caso de mis alegatos, que todo estaría bien. Nos quedamos solos, salí al balcón y de pronto empezó a llover, Bruno se acercó muy cariñoso y dijo:
-Al fin estamos juntos y tranquilos.
Me di vuelta y tomé su cara entre mis manos, lo besé y le dije:
-Olvídate de cualquier otra cosa que no sea dormir en esa cama.
-¡No se me ha pasado por la cabeza nada que no sea dormir!-Rió.
Reí con él y me di cuenta de que iba a respetar mi espacio, me relajé. Era feliz, por primera vez en mi vida me sentía así, plena.
Una hora más tarde nos llevaron la comida a la habitación, Bruno había encendido la chimenea, así que luego de comer nos sentamos en el piso junto a ella. Conversamos por largo rato, aunque él hablaba más que yo, porque mis nervios aún no se calmaban. Me costó aceptar que “ojitos claros” ya era libre para estar conmigo, y que ya no estábamos ahí como amigos sino como una pareja que recién comenzaba, era algo que nunca había vivido. Ya era muy tarde cuando me empezó a dar sueño, quise ir a dormir porque quería aprovechar todo el día siguiente en conocer cada rincón de ese hermoso lugar, que seguramente tenía mucho que ofrecer.
Entré al baño para ponerme pijama mientras Bruno esperaba su turno, cuando salí, sin mirarlo me acosté lo más a la orilla que pude de esa inmensa cama, de hecho estaba a punto de caer. Él no se demoró mucho en estar junto a mí, apagó la luz y estuvimos en silencio unos minutos, sólo se escuchaba el sonido de la lluvia. De pronto Bruno se puso a reír, yo no entendía nada ni me atrevía a preguntar, me sentía algo incómoda compartiendo la cama, sobre todo si era con él. Finalmente en medio de risas me dijo:
-Ofelia, no creo que esté tan gordo como para que me quieras dejar casi toda la cama. Es más, creo que es bastante grande para los dos.
Me hervían las mejillas, no sabía que responder, me daba vergüenza estar en esa situación, aún a oscuras sentía que mi cara podía alumbrar toda la pieza de lo colorada que estaba. Tratando de salvar la situación contesté:
-No es eso es sólo que yo no necesito tanto espacio para dormir, así estoy bien.
-¿Por qué tienes tanto miedo de lo que pueda pasar?-Preguntó serio.
-¿Miedo de qué?
-A penas llegamos me aclaraste que en esta cama no iba a pasar nada que no fuera dormir, con eso me quisiste decir que no quieres que tú y yo…-No quiso terminar la oración.
-¿No quiero que tú y yo que?-Seguí evadiendo su pregunta.
-No quieres que estemos juntos.
-Pero si estamos juntos, estamos aquí los dos ¿no?
-Si, pero me refiero a que… no quieres que hagamos el amor.-Dijo con algo de temor.
El latido acelerado de mi corazón se podía escuchar en toda la pieza, había llegado el momento de aclarar las cosas con Bruno. Me senté en la cama sin encender la luz y él también se sentó, a penas distinguía su cara en la penumbra pero eso me facilitaba las cosas para hablarle con honestidad. No me sentía con valor, pero al final no tenía alternativa:
-Bruno, no es eso. Lo que pasa es que yo nunca he estado con nadie.
-¿Qué? ¿Cómo con nadie?-Preguntó incrédulo.
-Soy…soy virgen.-Contesté algo avergonzada.
Sentí como Bruno se acercaba a mí, no me podía alejar más porque hubiera caído de la cama y no quise escapar para no ser la misma cobarde de siempre. Pero a pesar de todo no sentí miedo, él tomó mi mano, se acostó y me invitó a reposar en su pecho, así lo hice. Me abrazó y no dijo nada, acarició mi mano por tanto rato que ni si quiera supe cuando me dormí. Siento decepcionarlos pero no pasó nada, sólo dormí con él, igual como hace diez años lo hice en ese sueño tan real.

viernes, mayo 18, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXXI

Ahí estaba, nuevamente Bruno aparecía cuando al fin creía que podía escapar de él por lo menos por un miserable fin de semana fuera de la ciudad. No entendía lo que pasaba, al parecer Lucas había enloquecido. Lo último que quería era tener a “ojitos claros” cerca y mi supuesto amigo, traicionándome me empujó hacia él sin preguntarme. Tratando de ser indiferente y no parecer desesperada pregunté:
-¿Qué estas haciendo aquí?
-¡Lo mismo que tú! Me voy a pasar un fin de semana espectacular a Villarrica, y lo mejor de todo es… ¡que me voy con la mujer que amo!-Contestó feliz.
Cuando dijo eso me aturdió, típico, con palabras bonitas una siempre cae. Pero no lo demostré, se acercaba cada vez más, yo miraba por la ventana tratando de ignorarlo, haciéndome de rogar un poco. Él ya estaba ahí y eso seguro que debía significar algo, era verdad que todo indicaba que debíamos estar juntos. Yo estaba quieta con la vista fija en el paisaje, hasta que me di vuelta y me encontré con su rostro casi pegado al mío. Estábamos a punto de besarnos hasta que mi desastrosa suerte hizo lo suyo y se escuchó un gritó:
-¡Bruno, mi amor! ¿¡Pensabas irte sin mí!?
Emilia se acercaba encantada hasta nuestros asientos. Bruno parecía atontado, sólo lo miré y le sonreí mientras mi cabeza se movía de un lado a otro. Decepcionado me dijo:
-¡No sabía que ella vendría! ¡Por favor créeme! ¡Terminé con ella, te lo dije! ¡No sé cómo se enteró! ¡Te lo juro, mi amor!
-No, a mi no me tienes que explicar nada. A la que le tienes que aclarar muchas cosas es a ella… ¡que al parecer esta muy entusiasmada con el viaje! ¡Disfruta tu fin de semana con la mujer que amas, mi amor!-Contesté sarcástica mientras me reía.
Tomé mis cosas, Bruno bloqueaba mi salida así que lo empuje y me fui varios asientos más atrás, dejándolo con los chillidos de Emilia, sinceramente eso lo disfruté. Odié a Lucas en ese momento, gracias a no sé que razones este fin de semana iba a ser el peor, a menos que no me topara con “ojitos claros” ni con su polola o ex histérica. Pero una corazonada me decía que eso no iba a pasar y que lo de disfrutar mi soledad quedaría sólo en un deseo que no se cumpliría.
Un par de horas después mientras leía, sentía la mirada de Bruno clavada en mí, al parecer Emilia se había calmado y dormía profundamente. No lo miré, seguí concentrada en mi lectura, hasta que de reojo traté de saber que hacía y no lo vi. Un tirón en mi pantalón hizo que me encontrara con él que se encontraba acostado en el piso de guata, quería reír al verlo así, pero me contuve. Tenía carita de pena y como buena tonta enamorada me enterneció, así que esta vez fui algo más amable, pero sin salir de mi seriedad:
-No quiero que tengas problemas con Emilia por mi culpa. Esto es una mala coincidencia, yo quería estar lejos de ti ¡y al final me topo contigo que te vas a una luna de miel reconciliadora con tu polola! Sólo fue mala suerte, pero si tratamos de no encontrarnos todos lo pasaremos bien.
-¡Yo vine a pasar un fin de semana contigo! Emilia no tiene nada que ver en esto y lo tiene que entender. ¡Si no estoy sentado aquí contigo ahora es porque no quiero que haga escándalos y nos arruine aún más el fin de semana! Para que veas que es verdad te traje una nota que te escribió Lucas, él me contó todo. ¡Él me dijo de tus planes y me dijo convenció de que viniera!-Dijo seguro.
Se levantó, miró hacia donde estaba Emilia, comenzó a acercarse mucho y eso significó una amenaza para mí, así que de inmediato frené su romanticismo:
-¡Ni se te ocurra acercarte mas! ¡Ándate si no quieres recibir un combo!
Se puso a reír y se puso de pie para volver a su asiento pero antes dijo:
-¡Este fin de semana es tuyo y mío! ¡Nada lo impedirá, te lo prometo! Apenas lleguemos a Temuco nos iremos juntos. ¡Y no intentes impedirlo!
En mi descuido por tratar de objetarle sus palabras me robó un beso y se fue. Me quedé con la dulzura de sus labios deseando que su promesa se hiciera realidad, de a poco me estaba convenciendo. A penas se fue abrí la carta que me había dejado Lucas: “Espero que puedas perdonar mi traición, soy un vil Judas que te entregó a tu peor enemigo…el amor. No te preocupes por mi, estoy bien porque se que Bruno y tú harán una buena pareja. Disfruta y dale una oportunidad, con él ya no tienes excusas, él es a quien amas”.
Llegamos a Temuco como a las seis de la tarde, mientras bajaba mis cosas Bruno se me acercó y me dijo:
-Ya hablé con Emilia. Lo entendió todo… de hecho su reacción me sorprendió. Pero quedamos como buenos amigos, ella es una buena mujer.
-¿Qué significa eso?-Pregunté incrédula.
-Significa que reafirmé mi libertad y que quiero estar contigo. ¡Ya nada me lo impide!
Bruno me abrazó y me besó tiernamente en la mejilla, estaba siendo cuidadoso para no recibir algún golpe de mi parte. Estaba asustada, no quería ser débil frente a “ojitos claros”, no quería estar con él. Era lo que tanto había esperado, pero no estaba lista para algo así, el miedo nuevamente se apoderaba de mí, así que opté por volver a ser el plomo de siempre:
-Yo no te pedí que hicieras nada, así que cada uno por su lado. ¡Ni pienses que voy a pasar el fin de semana contigo!

miércoles, mayo 16, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXX

Ya era muy tarde para arrepentirme, había cometido una imprudencia gigante y de alguna forma tenía que tratar de enmendar mi arrebatada proposición. Traté de justificarme:
-Sé que soy una egoísta al pedirte esto, pero de verdad te necesito. No se lo puedo pedir a Flor porque… de alguna forma ella sin intención me haría recordar a Bruno a cada instante preguntándome cosas y yo me quiero olvidar de él. Aunque sea sólo por el fin de semana.
Lucas me abrazó por largo rato, luego me acarició el rostro y me dijo:
-Haría cualquier cosa con tal de que estuvieras bien, por eso estoy dispuesto a arriesgarme. Tengo claro que me expongo a sufrir, pero lo acepto.
-No quiero que sufras por mi culpa. Por eso debes tener claro que este viaje no significa que vamos a ser algo más que amigos. Sólo quiero que me acompañes en esta pequeña huida.
-¡Tranquila! Sé cual es tu postura, seguimos siendo tan amigos como antes. Así que vamos a viajar ¿puedo saber hacia dónde iremos?
-¿De verdad vendrás conmigo?-Pregunté emocionada.
-¡Por su puesto! ¿Crees que rechazaría una oferta tan buena? ¡Yo también necesito salir de este estrés! Ahora ¡dime! ¡Quiero saber cuál es nuestro destino!
Villarrica era el lugar que había escogido para poder descansar de mis tormentos amorosos, saldríamos al día siguiente en el tren de las nueve de la mañana. Mientras informaba a Lucas, él asentía con la cabeza pero su sonrisa había desaparecido y su entusiasmo parecía decaer. De hecho, parecía un poco triste pero yo sabía que eso no sería un motivo para que él se arrepintiera, me iba a acompañar a pesar de todo.
Nunca he sido de las personas que demuestran su afecto, es algo que me cuesta demasiado, pero esta vez ese gesto que estaba teniendo Lucas al acompañarme sabiendo que no tenía posibilidades conmigo me hizo sentir culpable porque sabía que todo eso del viaje estaba mal. Nerviosa me acerqué, le tome las manos y lo besé en la mejilla.
Después de que Lucas se fue a preparar sus cosas para el viaje, me fui a acostar y a esperar a Florencia que llegaría a interrogarme en cualquier momento. No pasaron muchos minutos para que estuviera instalada en mi cama, ocupando casi todo el espacio de ésta para entrevistarme. Le conté todo lo del viaje que haría con Lucas, se molestó al principio porque no había sido ella la elegida para ser mi compañera, me cobró sentimientos por un buen rato hasta que paró. Creí que se le había pasado y lo había aceptado, hasta que me sorprendió al decirme lo que pensaba:
-Amiga, entiendo que prefieras irte con Lucas. Creo que inconcientemente quieres que sea él quien te haga olvidar a Bruno y sinceramente… ¡ojala que resulte! Aunque sé que en el fondo no quieres hacerlo y sólo estás huyendo de él porque sabes que puedes sufrir. ¡Esa es la única explicación que tengo a que se te esté entregando en bandeja y tú lo rechaces! No estoy de acuerdo en que te arranques de lo que sientes, pero es tu decisión y la respeto. Lo único que espero es que Lucas no salga muy herido.
Realmente yo también lo esperaba, pero en ese instante estaba muy confundida y en algún momento pensé que debía aceptar la propuesta de Lucas, vencer mi miedo y continuar mi vida con él, quizás con el tiempo lo llegaría a querer como pareja. Todo quedaría resuelto ese fin de semana, cuando regresáramos a Santiago ya tendría más ordenada mi cabeza y podría decidir si lo intentaba con Lucas o simplemente me quedaba sola.
No dormí bien esa noche pensando en que talvez irme con Lucas todo un fin de semana era lo peor que podía hacer, pero ya era tarde para arrepentimientos. Al día siguiente, a las ocho de la mañana Lucas me pasó a buscar para irnos a la estación a tomar el tren que nos llevaría a Temuco. Llegaríamos allá en la tarde y luego tomaríamos un bus que nos llevaría a Villarrica.
Llegamos a la estación unos minutos antes de que el tren partiera, nos subimos y Lucas me dejó instalada en un asiento, luego se disculpó diciendo que tenía que ir a comprar algo, me dijo que no se demoraría nada. Se bajó, yo miraba por la ventana a la gente que subía tratando de encontrar a Lucas, en eso estaba cuando el tren empezó a anunciar su partida. De pronto se puso en marcha y no había visto a Lucas subir, miré por la ventana otra vez y parado en el andén estaba él haciéndome señas, diciéndome adiós. Me quedé impactada, no entendía por qué mi supuesto amigo me abandonaba sin decirme la razón. Estaba decepcionada, siempre habíamos hablado con la verdad y ahora me salía con esto, talvez ese era mi castigo por querer usarlo. Seguía mirándolo y él sonreía, me alejaba cada vez más y mientras buscaba una explicación una voz muy familiar dijo:
-¡Parece que todo se empeña en juntarnos!

lunes, mayo 14, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXIX

Lucas lo había descifrado todo y con eso me evitaba pasar la vergüenza de decírselo yo, ahora sólo me quedaba tratar de explicar algo que no era coherente y esperar su reacción. Eso era lo que mas me preocupaba porque realmente él era un buen amigo, y a pesar de que me gustaba y podía rescatarme de ese amor dañino que sentía, él no se merecía algo así. Estuvimos callados un rato, después le hablé con seguridad:
-Es una de las pocas cosas en la vida que no he podido superar. Ahora que nos encontramos todo se me ha complicado, porque cuando llegué acá pensaba que era tema pasado… ¡pero al verlo se me removió todo adentro! Así comprobé que nunca había dejado de quererlo. Sé que suena estúpido, pero no sé… ¡no tengo una explicación para saber que es lo que me pasa con Bruno!
-Estas enamorada, eso es todo. Es mejor no buscarle una explicación al amor, dejemos las teorías para la ciencia.-Me sonrió y continúo diciendo-¡Era tan obvio! La forma en la que lo mirabas, cómo te ponías nerviosa y simulabas no estarlo. Supongo que nunca quise aceptarlo, y ya sabes lo que dicen “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Solo quiero que seas feliz, nada más. Si me dejaras intentarlo sé que borraría todas tus penas pasadas, pero en el presente sería solo una anestesia porque el dolor que produce la frustración de no estar con quien quieres estaría ahí, escondida.
Me impresionó la reacción de Lucas, aunque no esperaba menos de él, su nobleza era única. Pero aún así, yo quería que él supiera que no estaba dispuesta a tener nada con nadie, así que se lo aclaré:
-Por mucho que quiera a Bruno no significa que vamos a estar juntos. Yo sé que él quiere a Emilia, no seré un obstáculo, si la quiere tiene que luchar por ella.
-Curioso. ¿Cómo dices eso si ni tú luchas por lo que quieres? Bruno es un buen tipo pero por desgracia, es especialista en fijarse en quien no le corresponde como se merece. Siempre sale mal de sus relaciones, pone sus ojos en las mujeres menos indicadas. Pero bueno, uno no elige de quien se enamora, lo sé por experiencia. Aún no perdona de verdad a Emilia, dice que sí pero yo sé que no lo ha hecho, está con ella porque tiene miedo de perderla y quedarse solo. La soledad lo aterra, las veces que estuvo solo fueron sus períodos mas negros, y a pesar de su desesperación nunca pudo estar con una mujer sin tener motivo. Es un tonto muy romántico, tiene que enamorarse o al menos sentir una mínima atracción, aunque sea para algo tan simple como besar. Siempre me pregunto si esta convencido de que la quiere realmente todavía.
Me quedó dando vueltas eso de “tiene que enamorarse o sentir una mínima atracción…” ¿Sería verdad lo que me estaba diciendo Lucas? ¿Bruno estaría sintiendo algo por mí? No quise seguir pensando mas en eso, ilusionarme era lo peor. Segura pero triste contesté:
-Yo creo que la quiere. Por muy idiota que sea Emilia se merece una segunda oportunidad, no voy a meterme en el medio. ¡Mi historia con Bruno es pasado! Ahora yo estoy en el proceso de olvido definitivo.
-Si realmente estas olvidando definitivamente a Bruno entonces déjame estar contigo, no me importa ser tu tabla de salvación, no me importa que no me quieras todavía. ¡Sólo quiero estar contigo! –Dijo Lucas con ternura
En ese momento tomé una decisión, no me importaba si era o no correcta. Estaba tan confundida y desesperada que como de costumbre me dejé que llevar por mis impulsos, pero en ese instante no le tomaba el peso a nada, así que sin rodeos miré a Lucas y le dije:
-¿Te irías conmigo?

martes, mayo 08, 2007

Una hitoria sin resolver

Capítulo XXVIII

Al fin se me presentaba la oportunidad que había esperado toda la vida, tenía Bruno conmigo diciéndome cuánto me quería y prometiéndome el cielo y las estrellas. Sabía que todo era una mentira, pero como siempre me dejé llevar por el impulso. Lo miré, le acaricie el rostro y lo besé, se congeló el tiempo en ese momento. El me correspondió, me abrazó y realmente sentí que me amaba, pero aún tenía miedo. Cuando nos separamos, no quería abrir los ojos, no quería que eso terminara, Bruno me besó la frente y me dijo:
-Sabía que me ibas a decir que si, mi amor.
Como si me hubiera caído un chorro de agua fría reaccioné, mientras Bruno miraba por la ventana con una sonrisa, yo me toqué los labios, le dediqué un “te amo” en mis pensamientos y contesté:
-Esto no es un si. Fue un impulso, pero no quiere decir nada.
-¿¡Qué!?¿¡Cómo que no quiere decir nada!? ¡No puedes negar lo maravilloso de ese beso! ¡Este beso fue puro! ¡Con amor! ¿¡Por qué te empeñas en decirme que no!?
-No exageres, deja ese romanticismo de lado. ¿Nunca has dado un beso sin razón? Bueno… no sé, fue el momento el que me puso tonta. ¡Pero eso no significa que tendré algo contigo!-Mentí.
Bruno se acercó enfurecido y me besó con fuerza, me resistí. Cuando por fin me solté le di una cachetada, lo empuje al sillón gritando:
-¡No te aproveches! ¡A mi nadie me obliga a nada!
-¡Yo sé que te encantó! Pero ¿sabes?… ¡no te pienso rogar más! ¡Quédate con tu amargura y con tu miedo! ¡Qué otro se encargue de hacerte sentir! ¡Si es que puede porque pareces de hielo!-Respondió alterado.
-¡Poco te duró el amor! ¡Hace cinco minutos prácticamente te desvivías por estar conmigo! ¡Yo no sé que se creen Lucas y tú! ¿Qué se creen que yo soy un juguete que necesito de sus enseñanzas? ¿Soy un proyecto o algo así? ¿De que me quieren curar? ¡Yo estoy bien y no necesito de ustedes!
-¡Eres tan inteligente pero tan tonta a veces! ¿¡Cómo puedes vivir sin amor!?-Gritó alterado.
-¡No me hables de amor! ¡Tú no amas a nadie! Emilia te dejó tan herido que ya no confías ni en ti ¿Cómo puede haber amor sin confianza? ¿Cómo me hablas a mí de amor estando enamorado de Emilia? ¡Reconoce que vienes aquí porque en el fondo quieres hacerle saber a la “miss Chile” lo que se siente ver a quien quieres con otra persona! ¡Claro, y no encontraste otra tonta más que yo! Olvídalo.-Dije agotada.
Mientras seguíamos discutiendo y Bruno me negaba todo lo que yo decía, se abrió la puerta. Era Florencia que llegaba, pero no venía sola, Lucas venía con ella, entró y nos miró confundido. Le lancé una afligida mirada a Flor, ella lo entendió de inmediato y me explicó:
-Me encontré con Lucas en la entrada del edificio, estaba sentado ahí afuera. Me dijo que no sabía si quería entrar, así que lo convencí y aquí estamos.
Reinó un incómodo silencio, no sabía que hacer con los dos ahí, no quería que esa amistad terminara por mi culpa. Tampoco quería que se acabara la mía con Lucas, por mucho que amara a “ojitos claros”, él también era importante en mi vida. Bruno me miró y se decidió a hablar:
-Lucas yo tengo que confesarte algo…
Casi me da un infarto, pero afortunadamente mientras Bruno tomaba valor para decirle lo que pasaba, me adelanté y le dije:
-¡Bruno, es una lástima que te tengas que ir! Mañana te confiesas con Lucas, ahora yo tengo que hablar con él.
A tirones lo llevé hasta la puerta, mientras Florencia entretenía a Lucas para que no tratara de impedir que su amigo se fuera. Cuando dejé a Bruno afuera del departamento le dije imponente:
-¡Ni se te ocurra decirle a Lucas el montón de tonteras que me dijiste a mí! ¡Él no merece llevarse una desilusión así de su mejor amigo!
-No le voy a decir nada, no te preocupes. No vale la pena armar tanto lío si tú no estas dispuesta a arriesgarte. ¡Eres una cobarde!-Dijo decepcionado.
Le cerré la puerta en la cara sin decirle nada. Me dirigí hacia donde estaba Flor y disculpándome con Lucas la llevé hasta la cocina. Ahí le expliqué a grandes rasgos lo que había pasado en el café y lo que acababa de pasar con Bruno, después de que terminó de reírse de lo que había hecho Lucas, dijo:
-Ofelia, tú tienes claro a quién quieres. Talvez Bruno fue sincero. Quizá no es que no le creas y es que no le quieres creer. Amiga, te quiero y eres una persona muy valiente a la hora de enfrentar adversidades, pero cuando se trata de tus sentimientos eres una cobarde. Algún día ese miedo a entregar tu corazón tiene que desaparecer ¿quién te dice que no puede ser hoy y con la persona que has amado desde hace tanto tiempo? Ahora anda y dile a Lucas la verdad, no es bueno que el pobre se siga haciendo ilusiones contigo.
Me abrazó y se fue a dormir. Dos veces en una noche me habían dicho cobarde… ¿realmente lo era? Respiré tratando de ahogarme con ese aire para no tener que confesarle a Lucas algo que le parecería seguramente una estupidez. Pero si no le contaba la historia desde el principio probablemente pensaría que todo era un invento mío para que no se sintiera mal y eso le cargaría, le gustan las cosas con la verdad. Fui hasta donde él, estaba sentado esperando, me miró y me sonrió débilmente, no me podía sentir peor. Me senté a su lado, de inmediato habló:
-Ofelia, yo sé que todo lo que dije fue sorpresivo, pero necesitaba decírtelo. Creo que fui un atarantado, y no me arrepiento. Mantengo lo que dije, yo no quiero ser sólo tu amigo…me gustaría que lo pensaras. Sé que estas enamorada de otro, que seguramente te dañó y de ahí nació ese miedo, pero yo puedo hacer que lo olvides.
-No te quiero herir. Eres mi amigo y eso no va a cambiar. No tengo nada que pensar, lo siento. Nunca he creído en eso de “un clavo saca a otro clavo”. Por eso es que no estoy dispuesta a que tomes un papel de salvador ¡porque tienes que estar con alguien que te quiera! Olvidar es difícil, sobre todo si se está enamorado, y por más que lo he intentado no he podido hacerlo.-Confesé.
-¿¡Pero quién es!? ¿No confías en mí? ¿Por eso nunca me lo dijiste?-Preguntó intrigado.
-No es que no confíe en ti, es que pensé que no mencionándolo lo olvidaría más rápido. Lo que me pasa no es una situación muy común, llega a ser hasta tonta, pero supongo que el amor no tiene explicación. Hace diez años que estoy enamorada de la misma persona, lo conocí aquí en santiago en…-No pude terminar.
-¿Bruno? ¿¡Estas enamorada de Bruno!?

viernes, mayo 04, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXVII

Todos me miraban con una sonrisa de oreja a oreja, incluso Emilia la resaltaba, pero Bruno parecía confundido y molesto. Lucas seguía parado ahí arriba, esperando una respuesta, me sentí muy mal al verlo ahí protagonizando un gesto tan tierno para mi. Sonreí y con una seña lo hice bajar del escenario, Bruno parecía cada vez más enojado, sobre todo cuando Emilia se le acercaba cariñosamente a decirle cualquier cosa. Cuando Lucas llegó a la mesa me miró y me dijo:
-¿Y? ¿Obtendré un si?
Emilia tenía una mano de Bruno entre las suyas, me miraba de una forma maliciosa, esperando que alguien dijera algo. No se contuvo, se adelantó y con un fingido tono amistoso dijo:
-¡Ay Ofelia! No me digas que te harás de rogar. ¡En este mundo no sobran éste tipo de hombres! Lucas es extraordinario.
-¡Lo sé! “Miss Chile”, pero esto no es asunto tuyo.-Dije cortante.
-No, no lo es Emilia. Es asunto mío. ¡Ofelia dame una respuesta, por favor!-Suplicó Lucas.
Estaba aterrada de poder herirlo, pero tenía que ser honesta y dejar todo claro de una vez. Traté de no ser tan arisca, pero no me funcionó, finalmente le contesté:
-No quiero que confundas las cosas. Nosotros somos amigos y no me pidas nada más. Yo no estoy lista ni dispuesta para tener una relación.
Lucas parecía decepcionado, pero no se conformó con lo que le dije, decidió insistir un poco más y algo alterado dijo:
-¿¡Cómo sabrás cuando estés lista si no te das la oportunidad!?¡Déjate querer! No te estoy pidiendo que me ames, eso puede llegar con el tiempo. ¡Sólo te pido que lo intentemos! Sé que el amor vendrá, algo me dice que esto puede funcionar si tú quieres.
-El amor no es un acto de caridad ni un premio de consuelo. Podría decirte que si pero eso sería egoísta. Yo sé que aunque pasaran siglos te podría ver como algo más que un amigo. Estoy enamorada de otra persona. Lo siento, me encantaría que fueras tú, pero no.
Bruno abrió los ojos y su amargura desapareció, me miró esperando a que le dijera algo, Emilia parecía enfurecida. Pero de inmediato le borré esa sonrisa de triunfador a “ojitos claros”:
-Tampoco eres tu Brunito, así que no me mires así. Ya te dije que lo de la otra vez era mentira. Lucas, discúlpame. Me tengo que ir, pero espero de verdad que sigamos como hasta ahora. No soportaría perder tu amistad.
Me paré, recogí mis cosas, besé a Lucas en la mejilla y me fui.
Cuando llegué al departamento me recosté en mi cama con la luz apagada, Florencia no estaba, pero yo ya estaba pensando en cómo reaccionaría ella cuando le contara lo de la declaración. Lo más probable era que me gritara que había sido una estúpida por haber rechazado a Lucas, ella lo conocía porque él me visitaba de vez en cuando. Lo encontraba un excelente tipo, y realmente lo es.
Estaba ahí, mirando la luna a través de la ventana, pensando en que aunque Lucas me atraía no era suficiente para que estuviéramos juntos, lo que había hecho era lo correcto. No pude seguir reflexionando, sonó el timbre de una forma casi desesperada, muy asustada me levanté a abrir la puerta. Antes de recibir a la inoportuna visita se me pasó por la mente que podía ser Lucas, se me hizo un nudo en el estómago. Pero me llevé una gran sorpresa, cuando abrí me encontré con el entristecido rostro de Bruno que esperaba ser invitado a entrar. No hice preguntas y lo hice pasar, se sentó en uno de los sillones y me hizo un gesto para que me sentara junto a él. No tardó en hablar:
-Acabo de terminar con Emilia.
No sabía si saltar de felicidad o fingir que me daba mucha lástima, opté por la segunda. El orgullo es más pesado, por malo que fuera ese rencor aún no le perdonaba el falso beso a Bruno.
-Lo siento. No sé que se dice en estos casos de ruptura. Supongo que es lo mejor, cuando las cosas no funcionan no hay que forzarlas. Al final, forzadas resultan peor. Sé que te debes sentir mal, pero yo sé que si se quieren esto tendrá solución. Volverás pronto con ella.
-¡Me hubiera gustado escuchar otra cosa! ¿Cómo me dices algo así? ¡Tu sobre todo!-Dijo amargado
-¿Por qué sobre todo yo? ¡Yo no tengo nada que ver!-Contesté molesta.
-¡Claro que tienes que ver! Terminé con Emilia por ti. ¡No pude más de celos cuando Lucas se te declaró! ¡Y el sólo pensar en que tú le podías corresponder me hizo explotar! Eso fue suficiente para confirmar que lo que me pasaba no era normal. Obviamente Emilia lo notó y no se lo pude negar, así que corté con esa relación sin sentido. Ofelia, yo te quiero.
Parecía sincero, le creí cada palabra, pero preferí hacerle entender que no, porque sabía que en el fondo eso era lo que yo quería escuchar, pero no era la verdad, él no me quería.
-¿Qué es lo que quieres? ¡Yo no caigo como caíste tú! Ya sé que todo lo que me has dicho es falso. ¡Debería darte vergüenza jugar así con los sentimientos de alguien! Pensé que con todo lo del beso lo habías entendido.
-¡No es mentira! ¡Yo te quiero! Es verdad que cuando niños me gustabas, pero hoy es distinto. Este amor nació ahora, no es nada del pasado. Desde que choqué contigo la primera vez sentí algo, y se confirmó cuando nos encontramos en la universidad. ¡Sé que sientes lo mismo, por más que lo niegues!-Dijo convencido.
-¡Basta! ¡Acabas de estar presente cuando Lucas delante de todos dijo que me quería! ¡Es tu amigo! ¿Cómo le haces una cosa así? ¿No te has puesto a pensar que yo le puedo corresponder? ¡Si supiera que estás aquí se moriría!-Grité enojada.
-¡Tú dijiste que lo querías sólo como amigo porque amabas a otro! Ese otro soy yo ¡no lo niegues!-Contestó elevando la voz.
Odié su seguridad para decirme eso, pero fue como si algo me hubiera tapado la boca. Para mi desgracia, justo en ese momento las palabras decidieron no salir. Quería hablar, rebatir todo lo que él decía, pero se me adelantó:
-Ofelia, soy capaz de pedirle perdón a Lucas de rodillas. Pero ¡por favor no te cierres conmigo! Yo quiero estar contigo, quiero curar tu miedo, quiero que aprendas a querer y a dejarte querer. Te amo.

sábado, abril 28, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXVI

Desde ese momento mi trabajo en la universidad se hizo un castigo, el hecho de topármelo me producía amargura. Pero nunca se lo hice saber, lo saludaba como era lógico entre dos compañeros de trabajo, pero marcaba la distancia.
Lucas se convirtió en mi apoyo, tenemos muchas cosas en común y ese fue el momento preciso para descubrirlo. No sabía nada de la historia con Bruno, yo lo prefería así, de esa forma lo olvidaba más rápido. Entre esas tantas cosas que en las que nos parecemos, nuestro amor por las letras es lo más verdadero, así fue como nació nuestra tradición de ir a un café que estaba cerca de la universidad, después de cada clase para intercambiar y comentar nuestros escritos. “Letras y Poetas” era nuestro lugar, todos los poetas “frustrados” o principiantes lo frecuentaban, era acogedor y cualquiera podía leer sus poemas sobre el escenario o dejarlos publicados en un mural, nunca hice nada de eso. Ahí nos pasábamos en nuestros ratos libres, se hacían demasiado cortos, pero gracias a eso “ojitos claros” se alejaba de mi mente.
Un día, Lucas me dijo que tenía algo que hacer, así que lo mejor era que me adelantara. Llegué al café, me senté en una de las mesas mas aisladas y me puse a leer mi libro de turno. Mientras tomaba un té llegó mi compañero, pero no venía solo.
-¡Ofelia! Espero no haberte hecho esperar mucho. Tuve que esperar a Bruno, justo hoy le entró la curiosidad por venir a este lugar.-Dijo sonriendo.
-¿Cómo estás Ofelia?-Preguntó Bruno deprimido.
-Bien, gracias.-Contesté cortante.
Desde que Bruno llegó no hice otra cosa que pensar en el beso que nos habíamos dado, trataba de mantenerme concentrada en lo que hablaba Lucas, pero no podía. Menos lo logré cuando me di cuenta de lo callado que estaba “ojitos claros”. Su mirada parecía perdida y apagada, me preocupé al ver sus ojos sin brillo, pero no dije nada. Yo no tenía por que meterme en sus asuntos. Cerca de las diez de la noche, después de una agradable tarde, o al menos eso parecía, cada uno tomó su rumbo.
Al día siguiente, a la hora de almuerzo iba caminando por uno de los jardines de la universidad cuando divisé a Bruno y su guitarra, estaba sentado bajo un árbol. Estaba nublado y hacía frío, así que me extrañó aún más el hecho de que él estuviera ahí y no en la sala de música. Me quedé parada pensando en si me acercaba o no, decidí no hacerlo, pero no alcancé a dar un paso y mi pies me traicionaron, me llevaron derechito hasta donde estaba Bruno. Él levantó la cabeza a penas notó la presencia de alguien, sin decir nada me ofreció su mano, dude en aceptarla, pero al final mi mano también me traicionó y se unió a la suya, me senté a su lado. Por unos minutos reinó el silencio, Bruno tocaba unos acordes sin sentido, era como si estuviera probando algo, yo no aguanté mas y tuve que hablar.
-¿Qué te pasa Bruno? De ayer que estás extraño
-¿¡Cómo te puede importar como estoy después de lo que pasó!? ¡Me porté como un idiota! ¡Más aún con lo que tú sientes por mí!-Gritó sin ganas.
-¡Olvídate de eso! ¡Ese tema no existe! Si ahora me acerqué es porque no soy una inhumana que se olvida de que la otra gente también siente.-Dije alterada.
Sé que le llegó esa frase y se sintió aún peor, pero ni eso bastó para que el incómodo tema de mis sentimientos hacia a él se terminara.
-Nadie puede huir de lo que siente Ofelia. Yo sé que te decepcioné y no quieres hablar de eso, pero yo quiero aprovechar de pedirte disculpas. No me porté bien lo sé, pero es que Emilia me tiene loco.- Contestó.
-Lo entiendo. La debes querer mucho. Pero eso no justifica lo que hiciste, sabiendo o no lo que yo sentía nunca vuelvas a usar a una mujer. Espero que aquí se acabe este tema.-Dije.
-La amaba, hasta que me engañó, me mintió y tiró mi confianza a la basura. Hice el papel de tonto por varios meses. Terminamos y ella volvió arrepentida pidiendo perdón, dijo que todo se había acabado con el otro tipo, que era su ex. Yo estaba tan triste sin ella que decidí arriesgarme, la necesitaba demasiado, así que empezamos otra vez. Pero nada fue igual, ahora todo esta mal con ella.-Relató.
-¡Que lástima! A pesar de ser una neurótica se merece una segunda oportunidad.-Me burlé.
-No debería estar contándote esto. Después de todo, tú y yo…-Intentó decir.
-Tú y yo éramos buenos amigos. Ahora también podemos serlo y puedes confiar en mí. Así te das cuenta de que todo lo que te dije ese día era mentira. ¿Cómo pudiste pensar que después de tanto tiempo iba a seguir queriéndote? ¡Que ingenuo!-Aproveché de negarlo todo.
Bruno estaba impactado, no podía creer lo que estaba escuchando. Ahora era él quien pasaba la vergüenza, había sido víctima de una tomadura de pelo y además había recibido un golpe. Vi unas llamas asomar por su mirada, dejó la guitarra a un lado y me dijo:
-¿¡Todo era mentira!? ¡Que imbécil! ¿¡Cómo no lo supe desde el principio!? ¡Obvio, era absurdo! ¡A nadie le puede durar tanto un enamoramiento sin si quiera ver a la persona!
-Lo hice para que te sintieras como la basura que fuiste en ese momento por usar a una mujer. Pero bueno, que eso te sirva de lección. Espero que quedemos como amigos.-Dije riendo.
Tardó un poco en responder, pero al final rió y aceptó. Me acusó de mentir muy bien, porque después de ese beso, él estaba convencido de que pasaba algo entre los dos, que estábamos “conectados”. Quería gritarle que lo quería y que yo también había sentido la conexión en ese beso, pero él amaba a Emilia, yo no era nada más que algo que había alimentado su ego de macho por un rato.
Nos llevamos mejor desde ese día, hablábamos más, aunque siempre había algo por lo que discutir, pero finalmente por cualquier razón, todo terminaba bien. Ahora éramos un trío, Lucas, Bruno y yo. Nuestras visitas a “Letras y Poetas” se hacían cortas, mi tiempo se pasaba volando, pero disfrutaba cada instante con “ojitos claros” a pesar de que en varias ocasiones Emilia salía como tema, y hasta apareció personalmente. Pero ya estaba acostumbrada, aunque mi amor por Bruno seguía vivo, trataba de verlo lo más que podía como un amigo, y aunque suene raro, cada día se me hacía menos difícil. Talvez era porque de un momento a otro empecé a ver a Lucas con otros ojos. Él era tan tierno, tan atento conmigo, que me hacía sentir querida, pero talvez yo estaba confundiendo las cosas… o ¿realmente Lucas se me estaba presentando como una nueva oportunidad de amar? Esta vez con altas posibilidades de que resultara. Mi pregunta fue contestada antes de lo que yo pensaba. En una de nuestras tradicionales idas al café, noté a Lucas algo nervioso, mientras tomábamos chocolate caliente a penas me habló para decirme que pronto llegarían Bruno y Emilia, porque quería decir algo importante. Unos minutos más tardes llegaron, Lucas estaba ruborizado, yo cada vez más desconcertada, hasta que finalmente, sin muchos rodeos, se paró caminó hasta el escenario, tomó el micrófono y dijo:
-¡Buenas noches a todos! Hoy me tomo este escenario porque quiero decirle algo a una persona muy especial. Ofelia, estas palabras son para ti. Este poco tiempo que llevo de conocer lo maravillosa que eres me ha bastado para quererte, y no solo como amigo. Te amo y este lugar ha sido el culpable de que este amor haya nacido, sin que lo buscara.
Estoy aquí, arriesgándome a hacer el ridículo para pedirte una oportunidad. Sé que te aterra entregarte al amor, aún así me atrevo a preguntar: ¿Quieres superar ese miedo conmigo?

jueves, abril 26, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXV

Por un momento pensé en salir corriendo, es verdad que ese beso era algo que había esperado durante mucho tiempo, pero sentí más miedo del que ya sentía y siento hasta ahora. Lo que me pasa con Bruno es tan grande que llega a ser dañino, si el olvido no llegó en diez años ¿cómo podía pensar que si ahora tuviera algo con él lo superaría? Aún así correspondí el beso, lo abracé tan fuerte que fue obvio que no quería dejarlo ir, también me abrazó. Sentía como ardían mis mejillas y pensaba en que cuando eso terminara no sabría cómo mirarlo, pero a pesar de todo en ese momento era feliz. Cuando nos separamos tenía terror de decir algo, ni si quiera pude abrir los ojos, pero lo que dijo Bruno logró que lo hiciera:
-Se me había olvidado lo mucho que me gustabas hace diez años. Aunque reconozco que ahora me gustas más.
No lo podía creer… ¡hace diez años yo también le gustaba! Quería decir algo pero no sabía que, no sabía si responderle, si besarlo otra vez o algo, no cabía en mi misma. Pero me demoré mucho y todo lo que le pude haber dicho quedó en nada porque en ese mismo instante se estremeció la habitación:
-¡Bruno! ¿¡Cómo pudiste!?-Gritó Emilia.
-¡Emilia! ¡Estabas aquí! ¡No lo sabía!-Contestó Bruno. Sonaba irónico.
-¿¡No sabías!? ¡Antes de besar a… ¿cómo te llamas?! ¡Ah si! Ofelia. ¡Me viste, por eso lo hiciste! ¿Y te atreves a decirle que te gusta? ¡Sabes que eso es mentira! ¡Yo sé que me quieres a mí!
Ese era el fin de mi mágico momento, mi primer besó y era fatal. Había sido usada para sacarle celos a la “Miss Chile”, ahí estaba, con un sabor amargo en los labios, humillada, una tonta. Me enfurecí, no crean que lloré ni nada, me fui pero antes dije:
-Bueno, me di cuenta de que aquí sobro. Pero tranquila, yo no estoy dispuesta a ser segundo plato de nadie.
-¡No seas cínica! ¡Desde que supe todo esto del reencuentro me dio la corazonada de que eras peligrosa para mi relación con Bruno!-Volvió a gritar.
-¡Mira, proyecto frustrado de modelo, no me interesa Bruno! ¡Además tu misma viste como él me beso! Es todo tuyo. A ti ojitos claros…no te diré nada. No mereces que gaste mi saliva en ti. ¡Adiós!-Dije alterada.
Bruno no dijo nada, estaba impactado igual que Emilia, yo me apresuré a salir de ahí. Me despedí de Matilda y el resto, la única explicación que di fue mi cansancio y trabajo pendiente. Salí a tomar el taxi, cuando iba a mitad de camino sentí que alguien me llamaba, era él, pero no me detuve. ¿Qué se creía? ¿Acaso por amarlo tanto debía dejar que me usara? No iba a dejar que el me dañara, ya había sufrido por él y a estas alturas de la vida era muy absurdo que volviera a hacerlo. Me alcanzó justo cuando había hecho parar un taxi, me agarró de un brazo y me detuvo:
-¡Ofelia discúlpame, yo no quería utilizarte! Lo que pasa es que…
-¡Ahórrate tus explicaciones! No te preocupes, ese beso no significó nada para mí. Además, lo haces bastante mal. No se cómo siendo artista no has aprendido el arte de besar.-Dije sonriendo.
-¿¡Qué!? ¿¡De qué me estas hablando!? ¡Yo se que te gustó! ¡Te gustó el beso, lo sé, lo sentí!-Afirmó tratando de sentirse seguro
-No me gustó y no te creas tan importante. Si respondí fue porque reaccioné al impulso pero no porque sienta algo por ti. ¡No me gustó y asúmelo! Igual es una lástima que te hayas convertido en un hombre tan típico, no te recordaba así.
Me subí al taxi, cerré la puerta, pero Bruno seguía golpeando el vidrio y diciendo “Te gustó, lo sé.” Cuando nos alejamos un poco y estuve segura de que no me oiría ni me vería, asumí mi triste realidad y me dije: “Me encanto”.
Llegué muy amargada, había comprobado nuevamente que la felicidad no duraba nada, es un pequeño préstamo, un momento efímero. Florencia estaba en su pieza acostada leyendo una revista, sin decirle nada se la quité y me acurruqué en sus piernas esperando consuelo. Le conté todo lo que había pasado, cuando supo lo del beso dio un salto de la cama y se puso a bailar, pero al enterarse de que todo había sido un juego de Bruno para sacarle celos a Emilia se enfureció, dio un grito que se escuchó en toda la cuadra.
-¡Maldito infeliz! ¿Cómo te hace algo así? ¡A ti que lo has amado toda la vida!
-¡Yo tengo la culpa! ¡No debí permitir un acercamiento! ¡Debí negarme a ir al famoso almuerzo!-Me inculpé.
-¡No justifiques lo injustificable! ¡Tú no tienes la culpa de nada! Bueno amiga, pero por lo menos aclaraste a la “Miss Chile” y al estúpido de Bruno.-Aclaró Flor.
-Si, pero no me consuela. ¡En todos estos años idealicé a Bruno! ¡Ese fue mi error! Lo convertí en un príncipe sin pensar en que podía ser un ogro como todos los hombres.-Confesé.
-¿Qué vas a hacer ahora? ¡Para colmo lo tienes que ver en la universidad!
-Nada ¿Qué puedo hacer? Él no me va a afectar. Mi vida en la universidad seguirá igual, él no me importa.
Si, sé que era una mentira, pero quería pensar eso después de ese horrible momento.
Pasaron las semanas, yo seguía en contacto con Matilda sólo por teléfono, a Bruno no lo tomaba en cuenta. Lo saludaba como a cualquier compañero de trabajo, pero fingía ser indiferente, aunque por dentro me muriera de pena. Mi orgullo era mas importante, no iba a dejar que ningún hombre, ni si quiera él, me hiciera sufrir.
Un día en el que salía tarde de una de las salas, tapada de papeles como de costumbre, abrí la puerta y cuando iba saliendo choqué… con Bruno, para variar.
-¡Tenías que ser tú! ¡Ya es hábito esto de tropezar contigo!-Grité.
-¡Disculpa! ¡No lo hago intencionalmente! Pero aprovechando que chocamos y que ya no te puedes escapar, quiero que hablemos de lo que pasó el otro día. ¡Por favor Ofelia!-Rogó
-No sé que tengas que decirme. Para mi esta todo claro, pensé que lo habías entendido después de lo que te dije ese día. De seguro estas acostumbrado a tener a cuanta mujer se te antoje, pero conmigo te equivocaste, no me moviste ni un pelo. Al contrario, me llegaste a dar lástima, es el peor beso que me han dado.
Mi furia había salido de repente, ni si quiera yo conocía esa faceta que tengo, tan cruel. Aproveché que él no sabía nada de mí para hacerlo sentir mal, a pesar de lo maravilloso de ese beso, él no tenía idea que era el primero que yo daba en toda mi vida, así que mentí. Bruno me escuchaba mientras miraba para otro lado, cuando terminé de decirle lo que pensaba me respondió:
-Me gustaría saber que fue lo que te hicieron antes para que seas así. ¡Necesitas con urgencia que alguien te quite lo amargada! ¡Sea un hombre o una mujer! Porque con esa fobia hacia los hombres… lo mas probable es que seas…
Le di un puñetazo, lo empuje y lo dejé tirado en el piso. A pesar de que ese golpe me dolió mas a mi que a él, no lo demostré.
-Nunca pensé que me iba a encontrar con el característico macho troglodita. En todos estos años, cada vez que pensé en ti eras otra cosa. Pero me equivoqué, resultaste ser igual que todos. ¡Que lástima! Pero ¿sabes? Espero que con esto se me pase de una vez este enamoramiento estúpido y sin razón, ¡que se muera el amor que siento por ti! No quiero preguntas ni que se te infle el ego, porque es verdad que te amo, pero desde mucho antes yo sabía que tenía que dar vuelta la página. Nunca hubo nada, menos lo habrá ahora.

martes, abril 24, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXIV

No sabía como reaccionar, esa pregunta me complicaba porque no quería responderla. Supongo que me daba vergüenza reconocer que lo había querido, mucho menos lo admitiría sabiendo que existía la posibilidad de que al hablarle de Bruno, Matilda descubriera que lo amaba igual o más que antes. Sólo sonreí y me atreví a decir:
-Eso da lo mismo porque fue hace muchos años. Fue una cosa de niños.
-Lo sé, pero en se momento podías habérmelo dicho. ¡Ni si quiera lo note! ¡Que tonta! Cuando Carolina me contó no lo podía creer.
-Bueno, pero ya pasó. Ya te dije que son cosas de adolescentes.-Mentí
-Si, tienes razón. En todo caso, si ahora se diera la oportunidad… ¡haría todo lo posible porque ustedes estuvieran juntos!-Dijo mientras lanzaba una carcajada.
-¿A pesar de Emilia?-Pregunté sonriendo.
-Realmente haría cualquier cosa por mi hermano. Si no es feliz con Emilia… y quisiera intentar algo contigo…tendrían todo mi apoyo.-Contestó.
“Ojala Bruno quisiera estar conmigo”, pensé. Me pellizqué la pierna para retractarme de lo que había pensado, era una estupidez.
Dejamos a Bruno de lado y Matilda me contó más de su vida. Era una periodista, trabajaba en una revista haciendo reportajes sobre turismo. Viajaba constantemente a diferentes países, entrevistando a los habitantes de cada lugar y también a personajes importantes e influyentes de la zona, que por lo general eran grandes negociantes. Cuando terminó de narrarme lo que había sido de ella en todo este tiempo, me hizo una invitación:
-Me voy de viaje por una semana, así que con esto te doy tiempo para que te organices y no tengas excusa para faltar. Te quiero en mi casa el próximo sábado, he organizado un almuerzo con unos amigos cercanos y esta es una buena ocasión para recordar viejos tiempos, y para que conozcas a gente nueva. Estando en esta ciudad lo necesitaras.
-La verdad es que a mi no me gustan esas cosas. Disculpa, pero no.-Me negué.
-¡No me puedes hacer esto! ¡Haz una excepción! ¡No siempre nos encontramos con amigos del pasado!-Rogó.
No quería, por una parte porque esos eventos sociales por insignificantes que sean, me cargan. Por otro lado el ver a Bruno en un lugar en el que no tenía ni dónde ni por qué huir, me aterraba. Pero ninguno de mis argumentos dejó conforme a Matilda, ella insistió hasta que al final logró que aceptara.
Llegué a la casa muy tarde y cansada, sabia que me esperaba un extenso interrogatorio, Florencia no tendría piedad y no esperaría hasta el otro día para que le contara lo que había pasado. Apenas entré ella me estaba esperando, me ofreció un café y me hizo detallárselo todo. Me dejó libre en horas de la madrugada, Flor no se acostó hasta repetirme mil veces: “Tienes que intentarlo con Bruno. No lo dejes escapar otra vez.” Ese consejo resonó en mi cabeza incluso en sueños.
Durante toda esa semana me la pasé evitando a Bruno, si me lo topaba inventaba cualquier excusa para irme, realmente me portaba muy grosera con él. Lo evadí lo más que pude, incluso llegué al infantil punto de esconderme, igual que un niño. Jugué a las escondidas hasta que llegó el día del almuerzo, ahí no me podía seguir ocultando.
Matilda me esperaba con una gran sonrisa, me hizo pasar y me presentó con el resto de los invitados que no eran muchos, los padres de los anfitriones estaban de vacaciones, así que solo estaban ellos en la casa. Primero me presentó a Renato, su pololo; luego a Lucas, un profesor de historia compañero de trabajo de Bruno y mío, yo sólo lo ubicaba pero al parecer era gran amigo de Bruno. Finalmente conocí a Emilia, la polola o la ex (situación no definida) de “ojitos claros”. Es una mujer que parece modelo, alta y muy delgada, con buena ropa y maquillada, es para que salga en la televisión, a diferencia de mi que soy un desastre (aunque no me importa). En fin, debo admitir que es linda.
Me senté al lado de Lucas y conversé con él gran parte del almuerzo, de vez en cuando opinaba en ciertos temas cuando todos hablaban, pero mas me dedicaba a escuchar y a cuestionarme que era lo que hacía ahí. Por suerte Lucas fue muy amable y en todo el rato que estuve con él no me aburrí, descubrí que es un tipo muy interesante y culto, se definió como un escritor “frustrado”. Gracias a él me relaje y me olvidé de que Bruno estaba por ahí, de lo poco que lo observé me di cuenta de golpeó a Emilia con el látigo de la indiferencia, cosa que a ella no le parecía porque luchaba constantemente por ser el centro de atención de todos.
Al momento del postre me levanté para ir al baño, tuve que ir al que estaba en el segundo piso porque el que estaba en la planta baja estaba en remodelación. Cuando subí recordé mi vieja casa, la del lado, identifiqué de inmediato cual era la pieza de Bruno. Impertinentemente entré en la habitación en la que había una guitarra, un teclado y otros instrumentos, de inmediato ese teclado llamó mi atención. Viajé hacia mi infancia. Mi abuela tenía un piano en su casa, durante los veranos en los que la visitaba me había enseñado una que otra canción y hasta antes de cumplir los quince yo había seguido practicando, pero con los cambios de casa y sin un piano propio, mi talento musical se vio perdido. Prendí el teclado gustosa, sin pensar en que era un exceso de confianza que nadie me había dado, pero me importó poco cuando empecé a tocar y cantar una de esas románticas canciones con las que mi abuela me había instruido. Estaba tan inspirada, que hasta pensé en dedicarme a componer, fue una especie de terapia con la que deseché toda mi tensión. Cuando terminé me encontré rodeada de aplausos, al escucharme cantar todos habían subido a verme, como por impulso me paré e hice una reverencia, se que fue ridículo, pero fue para ocultar mi nerviosismo, para parecer tranquila y no una chiquilla vergonzosa. Bajaron a comer el postre, yo apagué el teclado y cuando me di vuelta me encontré con que Bruno estaba en el marco de la puerta, aplaudió y dijo:
-Tenías guardado tu talento musical. ¡Felicitaciones! ¡Lo haces bien!
-Gracias, mi abuela me enseño cuan…-Intenté decir, pero me interrumpió.
-Ofelia ¿por qué me evitas? No intentes negarlo, he visto como te escondes. Desde que nos reencontramos pareciera que quisieras borrar esto de tu vida. ¿Por qué? ¿Qué te hice para que quieras huir de mí?- Dijo ofuscado.
-¡No te evito! ¿¡Crees que eres el centro del mundo!? ¡Si no te hablo en la universidad es porque estoy ocupada!-Grité.
-¿¡Ahora que es sábado y que estas en mi casa también estas ocupada!? Para mí apenas tuviste un saludo, pero para Lucas ¡todo el almuerzo! ¡Dime Ofelia, dime que es eso tan terrible que tengo para que huyas de mí! ¿Soy muy feo o estoy enfermo de algo contagioso? ¡No te dejaré ir hasta que respondas!
-¡Te dije que no me hiciste nada! ¡Déjame en paz!-Contesté alterada.
Quise dar un paso, pero no alcancé porque Bruno me acorraló contra la pared, lo tenía tan cerca que temblaba entera, no me atrevía a moverme, lo miré a los ojos y me deshice, preferí bajar la vista, era menos peligroso. Bruno se enojó más cuando traté de escapar y dijo:
-¡Ves como siempre tratas de huir de mí! ¡Hoy no! ¡Vas a contestar todas mis preguntas!
Se acercó aún más, vio hacia la puerta y en seguida me miró, no sé en que momento sus manos llegaron a mi cara, levantó mi rostro suavemente y se fue acercando lentamente, cerré los ojos y sentí el dulce sabor de sus labios.

domingo, abril 22, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXIII

Sentí que iba a estallar, primero porque no había terminado de decirle a Bruno lo que debí confesarle hace diez años y segundo porque esa mujer lo había llamado “Mi amor”. En ese momento pensé que sólo yo tenía derecho a llamarlo así, pero después me di cuenta de que no nos unía nada, que seguíamos igual que hace diez años y peor, ahora éramos aun mas extraños. Me di vuelta para dar la espalda a la puerta y así no ver a la mujer que buscaba a “ojitos claros”. La inseguridad me invadió, quería desechar a Bruno de mi vida pero a pesar de eso fue inevitable pensar en que yo no podía competir con ella para ganarme su amor. Por primera vez no dudé en hablarle, a pesar de mi rabia le dije:
-Parece que te busca tu polola o ¿es tu esposa?
-Ni lo uno ni lo otro. Espérame un segundo.-Dijo mientras se paraba, luego gritó- ¡Matilda! ¡Que bueno que viniste! Ah que no sabes…
Era Matilda, no lo podía creer, cuándo iba a pensar que me iba a reencontrar con esas personas que en algún momento de mi vida, y quizás hasta ahora, habían sido tan importantes. Ella no me vio la cara, por eso antes de que su hermano terminara de contarle todo lo interrumpió:
-¡Tú no cambias! ¡No pierdes oportunidad para andarte amigando con mujeres por ahí! ¡La pobre Emilia no se merece eso!
-¡Cálmate! ¿Por qué siempre defiendes a Emilia? Hay cosas que tú no sabes… ¡ella no es siempre la víctima! ¡Además eso se terminó! –Dijo Bruno ofuscado.
-¿Por cuánto tiempo? ¿Dos días? Si sabes que a pesar de todo la amas. Talvez hay cosas que yo no sé, pero de eso estoy segura. ¡La amas!-Respondió Matilda.
Ya tenía más antecedentes de Bruno, estaba igual que yo, con algo sin resolver. Al parecer era víctima de una relación inestable. En ese momento me cuestioné muchas cosas, entre ellas qué era lo que Matilda no sabía y que al parecer a Bruno no le gustaba decir, y por otro lado, si esa tal Emilia le había hecho daño a “ojitos claros”. Se me estrujó el corazón al pensar que él era de otra, pero en el fondo sabía que eso pasaría, ya había sido suficiente haberlo encontrado otra vez como para esperar que él estuviera libre y con esto, que al fin fuera mío. Yo seguía sentada sin mostrarle mi rostro a Matilda, escuchándolos. Se notaba que a Bruno le parecía divertida la reacción de su hermana, su tono de burla lo delataba. Aunque tenía una mezcla de rabia y risa por la forma en que Matilda había sacado conclusiones sin saber nada, quiso contarle quien era el personaje con el que se encontraba.
-Sólo porque eres mi hermana y puedo tolerar tus impertinencias, te voy a decir con quien estoy. Esta hermosa mujer que esta sentada aquí es…
Me paré y di la cara antes de que dijera mi nombre, Matilda me miraba con la boca abierta, y en seguida me reconoció:
-¡Ofelia! ¡No lo puedo creer!
-¡Hola Matilda! Tanto tiempo sin vernos.-Dije sonriendo.
Luego del infaltable abrazo, Matilda mandó a Bruno a buscar un café y nos quedamos solas. Me explicó que eso de decirle “mi amor” a Bruno era algo que se le había ocurrido para espantarle las “amiguitas”, él estaba pololeando con Emilia y aunque decía que se había terminado, ella sabía que no era así.
Matilda seguía incrédula, se le hacía difícil de creer en esas “vueltas de la vida”. Yo por mi parte estaba contenta de verla, creo que fue porque recordé viejos tiempos.
-¿Por qué nunca escribiste? Siempre tuve la esperanza de recibir una carta para mantenernos en contacto.-Dijo Matilda con tristeza.
-Bueno, la verdad es que como no llegaste a despedirte… eso me hizo pensar que antes de que yo me fuera ya te habías olvidado de mí, aunque suene infantil.-Contesté con amargura.
-¡Es verdad! ¡No alcanzamos a llegar! Pero no creas que fue porque no nos importabas ni a Bruno ni a mí. Fue por culpa de nuestra amiga Valeria ¿te acuerdas de ella?
-Si, claro. Pero ¿Qué tenía que ver ella con que no llegaran a despedirse?
-Lo que pasa es que Valeria nos había invitado al cumpleaños de su mamá que era en las afueras de santiago y se suponía que ella nos tenía que llevar de vuelta a la casa antes de que tú te fueras para poder despedirnos.
-¿Entonces que pasó? ¿Por qué no llegaron?-Pregunté intrigada.
-Cuando Valeria supo que nos queríamos ir para llegar a despedirnos no nos quiso llevar. ¡Le dio un ataque de celos! Dijo que se notaba que tú estabas enamorada de Bruno y que pensaba que mi hermano también sentía algo por ti. Se enojó, no hizo nada para que nos fueran a dejar a nuestra casa y amenazó a Bruno de terminar con él si seguía insistiendo. Obviamente nosotros nos fuimos igual, juntamos unas monedas que teníamos y tuvimos que rogarle al chofer de un bus que nos llevara por lo poco que teníamos. Cuando llegamos tú ya te habías ido.-Explicó Matilda.
-¿O sea que Bruno igual terminó con ella?-Interrogué.
-Si, pero cuando íbamos en el bus me dijo que lo había pensado desde antes. Estaba aburrido de sus manipulaciones. Además, él ya se había dado cuenta de que lo usaba y que su cariño no era de verdad. ¡Las cosas que tenemos que pasar cuando somos niños! Imagínate que en ese momento todo eso fue tan terrible para nosotros, en cambio ahora, sabemos que hay cosas mucho peores.
Después de su explicación Matilda me preguntó que es lo que había sido de mi en todo ese tiempo, a que me había dedicado, etc. Unos momentos después llegó Bruno a dejar el café, se le había pasado el tiempo y tenía que ir a dar una clase, así que se fue diciendo que esperaba verme ahí durante el día. Vi como se alejaba mientras pensaba en que yo también esperaba verlo, pero no quería. Me quedé pasmada viendo a Bruno, en eso, Matilda hizo una pregunta que no esperaba:
-¿Por qué nunca me dijiste que te gustaba Bruno?

miércoles, abril 18, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXII

Cuando me di cuenta de que estaba en sus brazos un escalofrío me recorrió la espalda, sentí ganas de soltarme y decirle que no era necesaria tanta ceremonia, que el tiempo había pasado y que nunca fuimos tan amigos como para eso. Pero por impulso y olvidando lo demás correspondí su tierno y cálido abrazo, estaba pasando lo mismo que hace diez años. Florencia, que estaba atrás de Bruno, nos miraba con una sonrisa pícara, fue en ese momento en el que reaccioné y me distancie de él, el mágico momento había terminado.
-¡Tantos años! ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Ocho o nueve años?-Dijo dudoso.
-Diez para ser exactos.-Contesté amargamente.
-¡Cómo pasa el tiempo! Pero tú no has cambiado mucho ¡sigues igual!-Agregó Bruno
-¿Era igual de linda hace diez años atrás?-Preguntó Florencia.
Ella y sus comentarios siempre tan atinados, sólo respiré profundo y miré el piso esperando que Bruno no respondiera esa ridícula pregunta. Pero para variar, me equivoqué.
-Si, así es. Pero creo que ahora lo esta más.-Contestó sonriendo.
-¡Suficiente! Me tengo que ir. Adiós.-Dije mientras me iba.
Florencia me miraba atónita, se quedó parada mirando como me alejaba, pero Bruno me alcanzó y me detuvo.
-¿Después de no vernos en años te vas así? ¿Ni si quiera me vas a dar la oportunidad de que nos tomemos un café?
¿Por qué seguía teniendo ese maldito poder sobre mí? ¿Qué tenía él que me hacía sentir tantas cosas sin hacer nada? Miré hacia atrás y Flor asentía con la cabeza sin que se borrara su sonrisa de complicidad. Acepté.
Fuimos los tres a la cafetería de la universidad, nos acomodamos en una mesa y nos atendieron de inmediato. Yo pedí un café corriente, Bruno un cortado y Flor un capuchino, les aseguro que mi café tan común fue el mas dulce que tomé en mi vida. A pesar de ser un líquido tan simple, la compañía de “ojitos claros” lo hacía especial. Como de costumbre Florencia trató de romper la tensión que yo sentía, así que fue ella la que preguntó:
-Bueno Bruno y ¿qué es lo que haces por aquí?
-Estoy trabajando en esta universidad, doy clases. Soy profesor de música.
“¡Lo que faltaba!”, pensé, que mejor que estuviéramos trabajando en el mismo lugar. Me entró una especie de pánico al escuchar eso, ahora me lo iba a topar a cada momento. Después me dediqué a reflexionar sobre lo que había sido de Bruno, nunca me hubiera imaginado que iba a escoger una profesión así, músico. Me encantó saberlo.
Luego de que hablaron por un rato Flor se fue, inventó un montón de excusas, de las cuales ninguna sonó convincente, yo sabía que su intención era que nos quedáramos solos. Hubiera dado cualquier cosa por irme con ella, pero no podía huir siempre de Bruno, tenía que asumir de una vez que nos habíamos encontrado de nuevo y que además trabajábamos en el mismo lugar. Me quedé con él, seguía igual de nerviosa pensando en que en cualquier momento mi lado estúpido, que gracias a él desarrollé, iba a salir por impulso. Pero traté de relajarme, a pesar de todo quería saber más sobre él.
-Nunca hubiera pensado que serías músico. Debe ser una linda carrera.-Dije insegura.
-Si, lo es. La música es mágica, te transporta a lugares hermosos en menos de un minuto y sin moverte de donde estas.-Contestó Bruno.
Hubo un silencio, Bruno me miraba pero yo evadía encontrarme con sus ojos, fingía estar pendiente de otras cosas. Esta vez fue el quien se animó a romper el hielo.
-Ofelia… ¿Te pasa algo? Desde que nos encontramos me ha dado la impresión de que lo único que quieres es salir corriendo. Pensé que en el pasado éramos bueno amigos, talvez no los mas grandes, pero lo éramos ¿o no?
Quizás ese era el momento de decirle la verdad, confesarle que lo había amado con toda mi alma durante años, aunque sonara cursi, pero que ahora quería seguir con mi vida, dar vuelta la página. Yo ya no sentía nada por el ¿o si? No perdía nada con decirle, a ver si con eso podía vivir en paz y no sufrir al pensar que lo tendría que ver todos los días tratando de ocultar lo que me pasaba. Intenté explicarle:
-Bruno…lo que pasa es que yo… yo… yo…
-¿Tú que Ofelia? ¡Dime! No creo que lo que te pasa conmigo sea tan grave o tan terrible.-Se impacientó Bruno.
-Lo que pasa es que yo te…
Como de costumbre no alcancé a terminar la frase. Una mujer que venía entrando a la cafetería, saludó con la mano y gritó:
-¡Bruno, mi amor!

martes, abril 17, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XXI

Cuando reuní todos los papeles me puse de pie rápidamente, las piernas me temblaban y automáticamente me ruboricé. Nuevamente había tropezado con Bruno, se imaginaran mi desconcierto, no entendía que es lo que podía estar haciendo ahí.
-¡Que coincidencia! Nuevamente nos encontramos. Soy Bruno… ¡se me había olvidado que ya me conoces! Ésta es la oportunidad perfecta para que me digas de dónde nos conocemos.-Dijo imponente.
No quería verlo más, ya había decido borrarlo por completo de mi vida ¿Qué había hecho de mal para que se me apareciera otra vez? Él era parte del pasado, lo había decidido hace muchos años y lo había reafirmado el viernes cuando nos volvimos a encontrar y no me reconoció. Lo miré, di media vuelta para irme pero antes de dar un paso él se interpuso velozmente en mi camino y me dijo:
-Al menos dime tu nombre.
No hizo falta que yo le dijera nada, mientras estábamos ahí en silencio, inoportunamente desde un extremo del pasillo alguien gritó:
-¡Ofelia!
Quería correr, desaparecer o cualquier cosa para no encontrarme con la sorprendida mirada de Bruno, sabía que al oír mi nombre al menos tendría una idea de quien era yo. Pero ya era tarde, ya había puesto sus ojos en mí y yo me había encontrado con los suyos, me observaba incrédulo. Yo no sabía que decirle, me quedé muda como de costumbre, pero el sonriendo preguntó:
-¿¡Ofelia!? ¿¡La amiga de mi hermana Matilda!?
Me demoré un poco en contestar, pero ya daba lo mismo, había sido descubierta y con eso venía el verdadero reencuentro, el que yo quería evitar, no sé por que.
-Si, soy yo.
No alcancé a decir nada más porque Flor llegó, venía reclamando porque le había costado encontrarme en ese lugar tan grande.
-¡Al fin te encuentro Ofelia! ¿Y él quien es? ¿No será un pretendiente y me lo tenías escondido? ¡Por eso el viernes llegaste tan rara!
Si antes estaba roja, ahora lo estaba mucho más, porque cuando Florencia mencionó lo del día viernes Bruno parecía aún más confundido y la intensidad de su mirada me ponía aún más nerviosa. Pero a pesar de todo ese lío el quiso romper la tensión y presentarse con Florencia:
-Soy Bruno, un viejo amigo de Ofelia.
Flor palideció y estaba igual que yo, callada, pero su silencio no duró mucho porque de un momento a otro gritó:
-¿¡Bruno!? Ofelia ¿él es tú Bruno?
Recalcó eso de “tú Bruno”, por lo que la fulminé con la mirada, pero al menos con ese comentario logró que me salieran las palabras, indiferente contesté:
-Si Flor, él es Bruno, ese vecino del que te hablé. Ella es mi amiga Florencia.
-¿Sólo vecino? ¡Yo creí que éramos amigos! ¿Por qué si me reconociste no me lo dijiste en ese momento?-Interrogó.
-Bueno porque…porque…-Trate de responder.
-Porque se puso nerviosa. ¡Imagínate! Con lo cambiada está, seguramente entró en pánico y pensó que era sólo coincidencia lo del nombre.-Dijo a tiempo Florencia.
-Pero podías haber…-Bruno fue interrumpido por Flor.
-¡Que bueno que se encontraron! Pero esto no parece el reencuentro de dos amigos, es todo menos eso. ¡Falta el abrazo!Yo quiero mucho a Florcita pero en ese momento quise matarla ¿en qué estaba pensando para que se le ocurriera sugerir eso? Para mi sorpresa, a Bruno no le parecía tan tonta la idea, me quitó las cosas que tenía en la mano, se las pasó a Florencia y me abrazó tan fuerte que parecía que le alegraba volverme a ver.

lunes, abril 16, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XX

Mi corazón se aceleró, de un salto me puse en pie, me arreglé la ropa mientras él se paraba, si era quien yo creía era probable que me diera un ataque. Cuando por fin se paró se me acercó dijo:
-¡Discúlpame! Iba distraído, lo siento. Esto de salir sin paraguas en días amenazantes de lluvia es un lío.
-No…este eh…no te preocupes. Son cosas que pasan.-Dije nerviosa, tanto que hasta tartamudeé.
Estaba inmóvil frente a un hombre que no podía ser otro que Bruno, el corazón me lo decía a gritos ¿pero como podía comprobar que era él sin parecer desesperada? A veces las ansias de tener algo hacen que uno confunda las cosas. Una vez, hace varios años, iba en un auto paseando por Valparaíso y mientras miraba a las personas que cargaban con su rutina creí verlo parado afuera de un negocio. Sólo me dije: “¡Qué tonta!”
No me salían las palabras, estaba demasiado ocupada pensando en cómo saber si era él, y que es lo que haría si lo era. Tantos años había pensado en que si lo volvía a ver me tiraría a sus brazos y le robaría el beso que nunca me dio, pero no podía hacer nada sin estar segura. Finalmente no pude esperar más, así que venciendo mi miedo le pregunté directamente:
-¿Bruno?
-Si… ¿nos conocemos de alguna parte?-Dijo confundido.
Era él, mi corazón no había fallado. Pero de un momento a otro todos mis sentimientos cambiaron, sentí rabia con él porque se clavó en mi corazón, tanto que ni el paso de los años me hicieron olvidarlo, ahora nos encontrábamos y ni si quiera me recordaba. Había llorado mucho tiempo por alguien que me olvidó apenas me fui, supongo que fue hasta ese momento en el que me di cuenta de que siempre mantuve la esperanza de que Bruno me quisiera y me recordara, igual como lo hacía yo. Era un romanticismo barato, eso era lo que mas me irritaba, creer tan ciegamente en el amor y en cosas que sólo pasan en las novelas. Finalmente, mi ira dominó mis pensamientos y en un arranque de cólera empujé a Bruno y mientras salía del café le dije:
-¡No! No nos conocemos. Ten mas cuidado para otra vez.
Salí y sentía la mirada desconcertada de Bruno sobre mí, pero nada hizo que me devolviera, eso era lo mejor. La lluvia se había intensificado así que solamente me bastaron dos minutos para empaparme, afortunadamente no me demoré mucho en tomar un taxi que me llevó al departamento de Florencia. No me pude sacar de la cabeza el encuentro, su mirada, su rostro algo cambiado pero igual de tierno, todos lo recuerdos fueron removidos. Llegué al departamento y Florencia me estaba esperando, pero al entrar ni si quiera la saludé, sólo me encerré en mi pieza para cambiarme la ropa mojada, quería acostarme, dormir y pensar que todo había sido un sueño. Sabía que lo que había pasado no se me iba a olvidar y darle mas vueltas al asunto me provocaría el mismo dolor de hace años, que tanto me había costado aliviar. Mientras pensaba en esto, Flor entró a mi pieza, se sentó a los pies de mi cama y firmemente preguntó:
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué llegaste así? ¿Tuviste algún problema con tus abuelos?
Florencia era mi amiga y talvez debía contarle en ese momento, pero no quería preguntas ni nada, lo único que quería era olvidarme. Le mentí.


-No pasó nada. Disculpa que me haya portado así, lo que pasa es que estoy cansada y muerta de frío. Esto de la lluvia…
-¡A mi no me engañas! ¡No seas mentirosa! Yo se que algo te pasó-Interrumpió enojada.
-Ya te dije que no. Me duele la cabeza y quiero dormir.-Dije tratando de sonar convincente.
-Ofelia ¿por qué me mientes? Pero está bien, no voy a insistir más. Si no confías en mi…nada puedo hacer.-Dijo apenada.
Salió dando un portazo, realmente me sentí mal porque no era nada contra ella, todo era mi culpa por ser tan tonta removiendo cosas que ya habían quedado atrás. Me dormí intranquila.
Llegó el lunes y Florencia seguía algo molesta conmigo, pero yo sabía que en el fondo ella me había perdonado, se portaba así para hacerme sentir culpable y con eso conseguir todo lo que me pedía. Tenía que ir a dar mis clases esa mañana, así que me vestí, me tomé un café y salí rumbo a la universidad. Cuando llegué mis alumnos ya me estaban esperando, les había dado un trabajo así que a penas empezó la clase los retiré. Una hora y media más tarde salí de la sala tapada con un montón de composiciones, iba saliendo de la sala pensando en que tenía ese rato libre para ir a la cafetería. Para variar iba distraída, caminaba mirando hacia atrás pendiente de que no se me hubiera volado ninguna de las hojas que llevaba, pero fue en vano porque nuevamente choqué con alguien. Las hojas se desparramaron, mi furia estalló:
-¡Es mi karma chocar con la gente! ¿Soy la única que va atenta para no tropezar con nadie?
Rápidamente me agaché a recoger las hojas, no me interesaba saber quien era, estaba tan molesta que lo único que quería era recoger los trabajos e ir por un buen café. Hasta que escuché:
-¡Disculpa! Fue casualidad.
Levanté la mirada, no podía creer lo que estaba viendo. Me faltaba el aire y lo único que logré decir fue:-¿¡Tú!?

viernes, abril 13, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XIX

Mi primera semana en Santiago fue horrible, lluviosa y fría. No tenía idea dónde quedaba nada, realmente era como si vagara sin rumbo cada vez que salía a la calle. Es verdad que viví aquí un tiempo, pero no salía a ninguna parte a menos que fuera necesario, por lo que nunca me ubiqué bien. Afortunadamente, tengo el apoyo de Florencia que lleva varios años viviendo aquí, en un pequeño departamento en el centro, ella me está alojando hasta que aprenda a sobrevivir en esta selva urbana. Es verdad que también tengo a mis abuelos, pero opté por no hospedar con ellos porque todo me queda mucho más alejado. Realmente debo estar agradecida de tener un trabajo y un lugar acogedor en el que quedarme, ahora que llevo más días aquí me doy cuenta de que es necesaria la compañía, se me había olvidado que aquí todo el mundo funciona como robot, la persona que está a tu lado no existe. Eso de vivir en provincia hizo que lo olvidara.
Bueno, como dije, llegué a la capital por motivos de trabajo, vengo impartir un taller literario en una universidad, un electivo para ciertas carreras relacionadas con este tema. Le tengo fe a este nuevo trabajo, pienso que es algo que me hará progresar mucho más que en un colegio, eso de hacer literatura como una actividad extra programática, que no es valorada para nada por un montón de niños, a la larga me frustraba. Mis primeros días en la universidad fueron dificultosos, ya saben que eso de adaptarme nunca se me ha hecho fácil, pero afortunadamente aquí encontré interés en mis clases, así que por lo menos tengo una satisfacción. Ya saben, me cuesta mucho aceptar los cambios, aunque sean para mejor.
Apenas llegó el fin de semana Florencia me propuso salir a pasear, pero yo tenía otros planes. No quería mentirle a Florencia y tampoco quería herir sus sentimientos, si le decía a donde iba a ir realmente querría acompañarme o me lo prohibiría, pero esa visita tenía que hacerla sola y la hacía sólo de curiosa, ya se imaginaran dónde. Me lo tomé como una terapia o como un juego, ya han pasado muchos años y tenía ganas de volver al lugar en el que por primera y única vez amé, supongo que para saber si ese lugar había cambiado tanto como yo. Le dije a Flor que mis abuelos me habían dicho los días antes que los fuera a visitar durante el fin de semana y que quería aprovechar el viernes, ya que no estaba lloviendo para ir a verlos y salir luego del trámite. Ella lo entendió y aceptó dejar nuestra salida para el día siguiente, resuelto esto salí a esperar la micro que me llevaría a mi viejo barrio. Después de unos pocos minutos logré subir al microbús que me trasladaría hasta esos suburbios del pasado, la ciento cuarenta, la misma que tomaba hace diez u once años atrás. Media hora mas tarde mi trayecto había terminado y estaba nuevamente parada en la Avenida Domingo Santa María, lista para entrar a la villa en la que estaba mi casa. Miré por unos instantes mi alrededor y logré reconocer varios de los negocios en los que muchas veces compré, me disponía a seguir con mi camino pero de la nada se puso a llover torrencialmente, como soy poco precavida andaba sin paraguas, no tenía nada con lo que protegerme, por fortuna divisé un café, así que corrí hasta allá para resguardarme de la lluvia hasta que ésta se suavizara para poder visitar mi casa. No me iba a rendir por un poco de agua, además esa oportunidad no se iba a repetir porque probablemente me arrepentiría si lo dejaba para después, era ahora o nunca.
Entré al local, era pequeño pero parecía cómodo, no había mucha gente así que me agradó mucho más, eso me ofrecía un poco de lectura y por qué no, un espacio para escribir algunos versos. Me senté en una mesa, saqué mi infaltable y tradicional cuaderno, me sentía inspirada. Acompañada de un buen capuchino, tomé mi lápiz y afloraron las palabras, sonaba una música romántica de fondo que llamó en seguida mi atención, parecía que la letra estaba dedicada a mí, o más bien, a la Ofelia de ocho años atrás. Lo que quedó en mi cabeza de esa letra dice así: “Fue encontrarme en tu mirada y sentirme enamorada, era menos frágil junto a ti. Pero todo era mentira, te marchaste de mi vida y me perdí. Si revivo tu recuerdo me hace daño si te pienso, estoy triste pero estoy de pie…” No escuché mas porque me dediqué a escribir, aunque suene ridículo esa canción me inspiró más, esa canción y la lluvia se complementaron, así conseguí escribir un poema de los que hacía años no podía hacer. Sin darme cuenta habían pasado dos horas y aunque era temprano, ya se estaba oscureciendo debido a la lluvia. Mi visita, por desgracia, tendría que ser después, o talvez con eso debía quedarme claro que lo mejor era no volver, ordené mis cosas y pagué mi café, salía rápidamente hasta que justo cuando iba a poner un pie fuera del local choqué con alguien que venía entrando, el tropezón fue tan fuerte que caímos al piso. Unos segundos después noté que estaba encima de un hombre, mis gritos y reclamos estaban a punto de salir con toda ira, hasta que miré al idiota descuidado que había ocasionado ese caos. Me encontré con unos ojos grises, cálidos y transparentes, en menos de un segundo estaba perdida en ellos, igual como una vez lo hice en los de… ¡Bruno!

jueves, abril 12, 2007

Una hisotria sin resolver

Capítulo XVIII

“Una historia sin resolver…”En menos de diez minutos mi sicóloga había dado una explicación lógica a lo que me podía estar pasando con Bruno, al parecer había llegado el momento de olvidarlo. Pensé en esa frase por unos minutos hasta que Sofía continúo con la sesión haciéndome otras preguntas, dejando de lado por completo a “ojitos claros”. Una hora más tarde salí de la consulta sintiéndome liviana pero confundida, no dejaba de pensar en que cómo puede afectar tanto algo que no se llega a concluir como para que la mente haga pensar cosas que no son. Pero preferí no tratar de explicarme nada, la confusión iba a crecer y probablemente eso me tiraría mas al hoyo negro en el que estaba, asumí que Bruno probablemente pudo ser el amor de mi vida, pero yo debía seguir mi camino sin él. Me fui pensando en eso todo el trayecto a mi casa, hasta que antes de entrar me dije “No más”, había tomado la difícil decisión de olvidar. Sentí un profundo dolor porque era perder una ilusión que aunque me hacía mal, mantenía viva mi capacidad de querer, algo que con los años se perdió. Era lo que tenía que hacer, desde ese momento la luz de esos ojos que me enamoraron debían extinguirse en mi memoria para que yo pudiera continuar con mi vida.
Pasaron varios meses en los que estuve en terapia, hasta que un día la sicóloga me dio la noticia de que ya podía enfrentar todo sola, lo más terrible había pasado. Para ese tiempo había logrado dejar de pensar a cada instante en Bruno, aún me costaba pero ahora mi sufrimiento había disminuido. Estaba demasiado pendiente del colegio y de que ya era hora de decirles a mis padres lo que quería estudiar, algo que les sería muy difícil de entender.
Un par de semanas antes de salir del colegio creí que era el momento perfecto para informarle a mi familia cual era la carrera que quería seguir. Cuando estuvimos todos reunidos a la hora del té me dispuse a hablar:
-Ya tengo claro lo que voy a estudiar…
No alcancé a terminar porque mi papá mientras fantaseaba interrumpió diciendo:
-¿¡Qué es?! ¡Apuesto a que Leyes o Geología! ¡Hija, me voy a sentir tan orgulloso de ti!
Realmente me daba lástima desmoronarle su ilusión, pero ni Leyes ni Geología eran carreras para mí. Me miraba sonriente esperando que una de esas fuera mi respuesta, pero no le podía mentir, tomé valor y dije:
-No papá, ni Leyes ni Geología. Voy estudiar Literatura.
Sonaron unos grillos por unos instantes, mi papá no me quitaba la vista de encima mientras masticaba el pedazo de pan que aún no lograba tragar. Una vena asomó de un momento a otro en su frente, que terminó de aparecer cuando gritando dijo:
-¿¡Literatura!?¿¡De dónde sacaste esa idea!? ¿¡Te quieres morir de hambre!? ¿¡Cómo se te ocurre que voy a dejar que te vayas a meter a esos ambientes!? ¡Entre artistas! ¡Olvídate!
-Es lo que yo quiero, papá. Lo siento si no te gusta, pero ya lo decidí. –Dije firmemente.
-¿¡Ah si!? ¿Lo decidiste? Está bien… ¡pero que no se te olvide que yo voy a pagar tu carrera! ¡Y yo no estoy dispuesto a financiar algo que no dará frutos!
-Bueno, lo siento mucho. Ya me esperaba esto de no tener tu apoyo, como siempre. Pero me da lo mismo lo que digas. ¡Aunque tenga que trabajar para pagar mi carrera, lo haré!-Grité.
-¡No me grites que yo no tengo tu edad! ¡María, dile algo a esta niña!-Pidió mi papá.
-Tú sabes que cuentas conmigo, hija. Yo te voy a apoyar en tu decisión, si Literatura es lo que quieres estudiar, eso estudiarás.-Dijo mi mamá sonriendo.
Mi papá gritó unas palabras que nadie entendió, se paró de de la mesa y miró a mi mamá enfurecido. Yo estaba esperando muchos gritos mas y mucha mas oposición, pero finalmente se fue a encerrar a su pieza. Supongo que mi cara se desformó de desilusión pensando en cómo iba a hacer para poder estudiar lo que yo quería y mi mamá lo tiene que haber notado, porque a penas me miró me consoló:
-¡Tranquila, hija! A tu papá se le va a pasar la histeria y tú vas a estudiar lo que quieres.
Siempre he dicho que las madres son medias brujas, porque tal y como dijo mi mamá, a mi papá se le pasó el enojó, finalmente cedió y me apoyó. Entré a la universidad en Valparaíso y Bruno fue desapareciendo de a poco, lo negro se quedó atrás y gracias a mis logros en los estudios saboreé un poco la felicidad. En ese período universitario, tampoco estuve con nadie, varios se acercaron ofreciendo amor, pero yo nunca me sentí lista, ni quería estarlo. Siempre vi las relaciones como un lío, por lo que nunca me di una oportunidad.
Han pasado ocho años desde que mi vida tomó ese rumbo de estudio y de olvido, hace unas semanas volví a Santiago por motivos de trabajo, sin sospechar que me llevaría mas de alguna sorpresa.

martes, abril 10, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XVII

Ahí estaba, a punto de echarme esas pastillas a la boca, tratando de ponerle fin a mí vida llena de amargura. La casa estaba sola porque todos habían salido a pasear, nada me impedía morir, tenía el camino libre para dejar de sufrir. Hace dos horas que estaba llorando sin parar, pero cuando reaccioné y me vi con ese frasco en la mano me sentí una cobarde, pensé en mi mamá y en el daño que le haría si tomaba el camino más fácil, pensé en que no tenía sentido dejarme vencer y que debía luchar, salir adelante. Tiré las pastillas a la basura, respiré y me acosté a dormir, lo mejor era esperar para que todo en mi cabeza se aclarara.
Desperté temprano en la mañana, me dolía la cabeza, me levanté y fui al baño a lavarme la cara, cuando me miré en el espejo sentí pánico, tenía los ojos tan hinchados que parecía que se me habían salido. Volví a encerrarme en mi pieza y no salí hasta el medio día, cuando ya tenía pensado lo que iba a hacer conmigo y cuando mis ojos volvieran a su estado normal, aunque fuera un poco. No había sido lo demasiado valiente o cobarde para suicidarme, así que lo mejor era dejar de lamentarme y continuar, no me quedaba otra alternativa que pedir ayuda. Mi papá con sus pensamientos arcaicos estaba descartado, para él esto hubiera sido otra de mis tonteras, mis hermanos eran muy pequeños, la única que a la que le podía confiar esto era mi mamá pero ¿cómo se lo decía? Tenía miedo de contarle lo que me pasaba porque me preocupaba la reacción que podía tener, no quería que se preocupara mucho y tampoco quería que me tomara por una exagerada que quería ir al sicólogo por mona. Pero nunca lo iba a saber si no se lo decía, y cuando estuvimos una noche las dos solas decidí sincerarme sin dar más vueltas.
-Mamá, quiero ir al sicólogo.
Mi mamá miró el techo como si de él obtuviera paciencia y comprensión, luego sus ojos se posaron en mí y dijo:
-¡Ahora quieres ir al sicólogo! ¿¡Y por qué!?
No me podía sentir mas mal, darme cuenta de que para mi mamá también lo que me pasaba era absurdo me dolía, pero ya había hablado y mi madre no se quedaría tranquila hasta que le contara todo.
-Hace meses que me siento mal, creo que estoy con depresión.-Dije con normalidad.
-¿Por qué piensas eso?
-Porque me siento angustiada, porque no quiero hacer nada y porque…me la paso llorando. ¡Estoy cansada de todo! Necesito ayuda.
No me quebré en ningún momento, no derramé ni una sola lágrima, eso era todo lo que tenía que decir y ahora dependía de ella si me daba su apoyo o no. Mi mamá no dejaba de mirarme, pero parece que con esa petición de ayuda desesperada me creyó y empezó a preocuparse. Era como si tratara de buscar una explicación a lo que me había pasado, creo que hasta se sintió culpable, pero no me decía nada. Por unos minutos reinó ese silencio, hasta que se cansó de esperar que yo dijera algo más y habló:
-Bueno, tendremos que sacar hora con el doctor. Una de mis amigas está yendo a una sicóloga, le puedo pedir el nombre para que vayas donde ella. Me dijo que era buena.
-Está bien, pero te quiero pedir una cosa más. No quiero que le digas nada de esto a mi papá.
-¡Pero Ofelia él tiene derecho a saber lo que pasa! ¿Por qué no quieres que…?


-¡No mamá! Él no lo va a entender y yo no estoy en condiciones de escuchar sus brutalidades. Esto tiene que quedar entre nosotras ¡prométemelo!-Dije presionándola.
Mi mamá me conocía tan bien que daba por hecho que si se lo contaba a mi papá mi confianza en ella se acababa y mis ganas de salir adelante se perderían en el camino. Yo por mi parte, tenía pensado en negarlo todo si mi papá se enteraba, él no lo iba a entender. Quedó pactado que nadie mas se iba a enterar, ahora solo tenía que conseguir hora con la sicóloga para tratar de componer mi vida. Después de hablar con mi mamá salí a caminar sola y lloré amargamente por un buen rato, hasta que me calmé y volví a mi casa entrando casi como una ladrona, sigilosa para no toparme con nadie y evitar interrogatorios.
Pasaron varias semanas antes de que lograra conseguir una hora con la sicóloga, pero finalmente obtuve una cita con la doctora Sofía Blanco. Ella viajaba desde La Serena por lo que atendía sólo los días sábados, yo fui citada para el primer fin de semana de marzo a las seis de la tarde.
A los pocos días de conseguir la hora entré al colegio, seguía sin ganas de ir pero me consolaba pensando en que tenía la posibilidad de que eso terminara pronto. Rápidamente llegó el fin de semana y con el mí esperada hora a la sicóloga, me negué a ser acompañada y partí sola a tratar de solucionar mi problema. Llegué y tuve que esperar un rato, hasta que por fin entré, era una sala pequeña en la que había dos sillas y un escritorio. Ella era una mujer joven, a penas la vi me dio confianza, no tuve miedo de decirle todo lo que tenía guardado, me saludó y me ofreció una de las sillas.
-¡Buenas tardes Ofelia! Yo soy Sofía y quiero que te sientas muy cómoda en cada sesión. Puedes decir todo lo que quieras y quedará en secreto. Ahora cuéntame ¿Qué te trae por aquí?
Le dije todo lo que me pasaba, parecía que estaba hablando sola porque ella no me interrumpía, escuchaba muy concentrada, hasta que en un momento en el que respiré ella preguntó:
-¿Has tenido pololo? ¿Te has enamorado?
Me quedé callada aunque no dudé en hablarle de Bruno, cuando recuperé el aire contesté:
-No he tenido pololo, pero estoy enamorada de alguien hace varios años. No me he podido olvidar de él y eso me asusta, encuentro tonto estar enamorada de alguien que dejé de ver hace mucho tiempo, con el que nuca pasó nada y ni si quiera tengo contacto, pero pienso en el todo el tiempo. Cada vez que lo recuerdo siento que mi corazón va a explotar, lo mismo que sentí la primera vez que lo vi.
Sofía se quedó pensando, supongo que trataba de ordenar sus ideas para plantearme lo que pasaba conmigo, por qué me sentía así, finalmente habló.
-Puede ser que no estés enamorada y te sientes así porque ese ciclo no se cerró. Crees amarlo porque nunca pasó nada con él, es una historia sin resolver.

lunes, abril 09, 2007

Una historia sin resolver

Capítulo XVI

No sé si mis escritos eran dignos de llamarse poesía pero tenía que llamarlos de alguna forma y poemas me pareció buena palabra, aunque fuera un atrevimiento. Me hice adicta a escribirle versos a Bruno, nunca les puse título pero los numeraba, cuando todavía los contaba iba en doscientos, escritos en menos de dos meses. Ya después sólo escribía, me ponía en todas las situaciones que pude haber vivido con “ojitos claros”, todo era para él. Obviamente nadie sabía que yo escribía, hasta que un día una compañera en el colegio me preguntó que tanto escribía en ese cuaderno viejo, que era el mismo en el que había escrito mi primer poema, a pesar de mi vergüenza me decidí y se lo mostré, me empecé a preocupar cuando se me tiró a los brazos y me dijo emocionada que estaba hermoso. Me preguntó si los había escrito yo o los había copiado de alguna parte, en se momento me sentí orgullosa de que alguien pensara que mis humildes poemas valían tanto como para pasar por los de alguien importante, le contesté que yo los escribía y ella sólo me pudo decir: “¿Puedes escribir uno basado en mi historia?” Al principió dude un poco, pero la vi tan entusiasmada que no me pude negar, así que escuché toda su historia y le dije que trataría de hacer algo pero que no le prometía nada. A la mañana siguiente llegué con el poema para ella, no sabía si le iba a gustar pero daba igual. Se lo mostré en uno de los recreos, se le llenaron los ojos de lágrimas y yo pensaba: “¿Tan mal está?”. Pero ella me aclaro todas mis dudas cuando nuevamente me abrazó y me dijo: “Es exactamente lo que siento. ¿Cómo lo haces?” Luego de eso se propagó por el curso el dato de que yo escribía y todas se interesaron en leer el cuaderno, varias compañeras se me acercaban, me contaban sus historias para que yo las transformara a poemas, tuve éxito y como vi que a mis compañeras les gustaba me sentí contenta y eso me hizo dejar de pensar en Bruno todo el tiempo, porque ya no todo lo que escribía era sobre nosotros.
De un momento a otro todo se hizo mas pesado, me sentía muy mal, triste y vacía. Lloraba todas las noches a escondidas, me aislé de mis compañeras y de Florencia, no quería nada con nadie, necesitaba estar sola. Al principio no le tomé importancia pero con el paso de los meses ya ese cansancio se me hizo notorio, todas mis amigas me preguntaba que me pasaba, pero en mi casa nadie sabía que yo estaba mal porque al salir del colegio todo el camino a mi casa iba practicando una cara que pareciera normal y hasta feliz. Terminó mi primer año en Vallenar con una angustia tremenda sin saber por qué y lo peor es que justo cuando creí que Bruno ya estaba olvidado me volvió todo el amor, lo necesitaba más que nunca, talvez necesitaba sentirme querida y él era mi mayor ilusión. Me fui apagando cada vez mas, no dormía y sólo me torturaba pensando en que quería correr a los brazos de mi amor y quedarme ahí eternamente, pensaba que solo así me sentiría protegida. No me pregunten por qué me empecé a sentir así, pero con los años llegué a la conclusión de que fueron muchos factores los que influyeron, entre ellos el no ser aceptada tal y como era por mi padre, el cambio radical que tuve de un momento a otro no le gustó para nada. Ya no era la misma Ofelia que se quedaba callada ante sus imposiciones, ahora me enfrentaba a él, su machismo me cansó. Lo único que quería él y toda mi familia era verme con un pololo, les entró el pánico cuando notaron mi rechazo hacia los hombres, que en realidad tenía una excepción… Bruno. Pero ese rechazo fue el fruto de aceptar sin derecho a opinar lo que mi papá quería, pero era de familia, todos los hombres cercanos que me rodeaban tenían el gen de la brutalidad y el machismo agudizado, yo no quería caer en lo mismo que todas las mujeres que los acompañaban. Sometidas, aunque lo negaran, al imperio masculino, mujeres objetos o esclavas a su servicio. Mi papá no lo toleraba, siempre fui un bicho raro por no seguir los pasos tradicionales de mi mamá, mis abuelas, tías, etc.
El verano llegó y salimos de vacaciones, yo me quede en mi casa todo el verano sin ver a nadie, nada me importaba, aunque me sentía sola y callé por varios meses, viví mi tristeza sola sin compartirla ni si quiera con Florencia. Ella sabía que yo estaba mal y notó que quería estar sola, por lo que no la vi en semanas, hasta que un día quedamos de juntarnos para ponernos al día. Llegó a mi casa después de almuerzo y nos pusimos al día, yo le conté como estaba y ella culpó a Bruno de todo mi dolor, incluso trató de buscarme una solución.
-Yo creo que tu deberías andar con alguien, así te sacas a Bruno de la cabeza. ¿Sabes que serías la pareja perfecta Esteban?-Dijo convencida.
Esteban era de lo mejorcito que ofrecía Vallenar en cuanto a niños de nuestra edad, era de lo más cotizado y en un tiempo fue amigo de Florencia pero se fueron alejando y al final, quedaron sólo como conocidos. Talvez era atractivo, pero era un verdadero plomo, hablaba mal de todas las niñas con las que andaba y se creía lo máximo, motivos suficientes para que no fuera de mi agrado. Yo no lo conocía bien pero cada comentario que me llegaba de él hacía que me cayera aún peor. No podía creer que Florencia sabiendo eso lo propusiera como candidato para olvidar a Bruno.
-¿¡Qué!? ¿¡Te volviste loca!? Nunca he creído en eso de que un clavo saca a otro clavo. ¡Además que sabes que me cae mal!-Le aclaré.
-Pero si tú serías una buena compañera para él. ¡El pobre tiene tantos problemas y tú eres tan comprensiva! Son la combinación perfecta.-Dijo riendo.
-¡O sea que de un momento a otro me convertí en la madre Teresa de Calcuta! ¡Ya te dije que Esteban no es para mí!
-¡Yo sé que le gustarías! ¡Ofelia y Esteban!-Gritó mientras disimulaba su risa.
Florencia no paraba de molestar con eso de “Ofelia y Esteban” como por media hora, hasta que finalmente se rindió al ver que más que gracia me hacía enojar.
El verano siguió su curso normalmente, las pocas veces que fui a una fiesta me topé con Esteban y aunque varias amigas me dijeron que se me insinuaba, a mi me importaba bien poco que “el niño lindo mas codiciado de la ciudad” se hiciera el interesante delante de mí, mis pensamientos estaban en otro lado.
Cuando llegó febrero me sentía a punto de estallar, mi ánimo no había mejorado, me sentía aún mas mal pensando en que pronto tendría que volver al colegio. Mi angustia se triplicó y ya no soportaba a nadie de mi casa, me la llevaba encerrada leyendo o escribiendo, solo salía para comer, porque cuando no hacía nada de eso me dedicaba a recuperar las horas de sueño que el insomnio me robaba.
Un día mientras leía, me dio una crisis de angustia, de nada me servía estar viva si estaba así de sola, tenía miedo de decirle a mi familia lo que sentía, no encajaba en este mundo con mis pensamientos “raros”, no tenía a Bruno, todo mal. Busqué en el botiquín del baño unas pastillas, miré la fecha y estaban vencidas, había encontrado el fin a mi problema. La única solución era morir.