jueves, mayo 13, 2010

MEMORIAS

Capítulo XIII

Después de reír un rato nos calmamos y nos miramos por un momento. Cada vez que él me miraba yo sentía que me perdía en sus ojos pero de pronto algo hizo clic dentro de mí y me di cuenta de que realmente era algo imposible e incorrecto, todo sonaba muy lindo hasta que llegaba a la parte en la que Octavio era un hombre comprometido, así que con una serenidad sorprendente decidí rechazarlo:

-Hablando en serio, Octavio. Ambos sabemos que esto es un capricho suyo y que aunque fuera verdad no hay posibilidades de que resulte.

-¿Por qué? Aún no me he casado y puedo romper el compromiso. Rosario, yo la quiero y yo sé que usted también siente algo por mí…Lo he visto en sus ojos.

-Yo no seré la causante de que deje a Esperanza plantada. Debe olvidarse de mí, por ella y porque yo he decidido aceptar ser la novia de Karim.-Mentí.

-¡Eso es algo que ha decidido en este momento! ¡Hace un rato no le decía lo mismo a su madre!-Gritó enfurecido.

-¡No levante la voz! Ya le dije lo que pienso, es mejor que se vaya y se olvide del supuesto enamoramiento que siente por mí.-Dije segura mientras le daba la espalda.

Octavio salió de la joyería sin decir una palabra y yo me quedé ahí con una sensación de vacío afirmando que mis sentimientos por él realmente eran poderosos, en ese momento sólo pensaba en lo injusto que era toda esa situación y en la rabia que sentía conmigo misma por haber empezado a enamorarme de él, algo que jamás podría ser porque siempre todo estaría en nuestra contra y fuera de nuestras manos. Sin embargo sería algo que no olvidaría jamás porque las mariposas en el estómago que me invadieron cuando me declaró su amor no las volví a sentir con nadie más.

Pasaron unos días y mi madre decidió organizar una comida a la que curiosamente invitó a Karim. No entendía el afán de realizar esa cena ya que no había nada que celebrar, sólo sabía que era importante porque incluso había invitado a Blanca.

Recuerdo que estuvimos toda una tarde metidas en la cocina preparando sólo comida árabe, mi mamá ni si quiera quiso comprar el postre. Cuando estuvo todo listo me mandó a la ducha mientras ella planchaba uno de mis vestidos más lindos y escogía los zapatos adecuados, al salir del baño ya estaba todo listo sobre mi cama. Me vestí mientras mi madre increíblemente también se arreglaba de lo más elegante para la ocasión, todo me parecía extremadamente raro pero con tal de que no me molestara yo sólo obedecía. Dieron las ocho en punto y mi madre entró a mi habitación, resplandecía y yo estaba sorprendida y desconcertada porque ella nunca se esmeraba tanto en verse bien. Me miró y sonriendo me dijo:

-¿Qué te parece hija? ¿Cómo me veo?

-Se ve preciosa, mamá. Realmente hace muchos años que no la veía así de bien. ¡Se ve radiante!

-¡Muchas gracias! ¡Hija, se vestido te queda estupendamente! Sólo falta que te peinemos y te maquillemos de manera sutil, ya sabes que no me gusta que parezcas payaso.-Dijo mi madre con inusual alegría.

-Mamá puedo preguntar ¿a que se debe tanta elegancia?

-Rosario, tú concéntrate en verte hermosa y lo demás ya lo sabrás en su momento.

¡Todo era tan extraño! Ahora me da risa pensar lo ingenua que fui en esos momentos al no sospechar nada de lo que estaba pasando, aunque realmente después de lo que estaba viviendo con Octavio en mi cabeza no cabía nada más.

Cuando bajamos al comedor mis hermanos también se veían bastante arreglados pero eso me parecía más normal pues mi mamá siempre se preocupó de que anduvieran bien vestidos a diario. Me ofrecí a poner la mesa pero había llegado demasiado tarde, mi mamá ya lo había hecho. Había sacado la porcelana más fina y sus copas de cristal más queridas, unas que sólo usaba para los momentos especiales de la vida. Realmente la mesa estaba preciosa, hasta me robó unos cuantos tulipanes para adornarla.

Me sentía demasiado ansiosa, el tiempo no pasaba nunca y Karim estaba citado a las ocho y media, me quedaba media hora de espera sin saber que hacer ya que ni si quiera había llegado Blanca. Afortunadamente la puntualidad de Karim era una de sus mejores virtudes así que exactamente a la hora acordada estaba entrando a la casa con un ramo de tulipanes amarillos y con una sonrisa de oreja a oreja. Me quedé inmóvil y perpleja, tanto así que de mi boca sólo pudo salir una palabra:

-¿Tú?


martes, mayo 11, 2010

MEMORIAS

Capítulo XII

Un escalofrío recorrió mi cuerpo y por un momento sentí que me caía. ¿Con qué derecho ese hombre se presentaba ante mí declarándome su amor? ¿Cómo era posible? ¿En que momento había pasado? Eran muchas preguntas y yo estaba cada vez más tensa, Octavio sólo me observaba hasta que desesperado decidió acercarse hasta donde yo estaba.

-¡Quédese donde está señor Martínez! No piense que me voy a tragar su broma, simplemente no le resultó.-Dije con decisión.

-¿Broma? ¡Nunca había hablado tan en serio, Rosario!

-¿Por qué lo hace? ¿¡Cómo puede pensar que voy a creerle algo así!? A penas nos hemos visto un par de veces y siempre hemos discutido. Deberíamos odiarnos.

-Deberíamos…pero nos queremos.-Contestó mientras sonreía tiernamente.

-¡De ninguna manera! ¡Yo no lo quiero! O si, lo quiero…pero lo quiero lo más lejos posible de mí. ¡Váyase a molestar a otro lado!-Grité.

Octavio no hacía más que mirarme, realmente esperaba que me lanzara a sus brazos como siempre estaba acostumbrado pero para mí en esos momentos nada estaba claro, sólo sabía que no podía ser, ni si quiera me puse a pensar en que sentía por él. Sólo recuerdo que dolía.

-¿Por qué lo niega, Rosario? Yo se que usted me quiere, siento una conexión enorme cada vez que estamos juntos. Eso no puede no significar nada.-Dijo Octavio con toda la calma que a mi me faltaba.

-¡No se de qué conexión me habla! Si en su delirio se cree algún tipo de cable es problema suyo, yo no siento nada. Pero aún así y para tratar de comprobar que yo estoy en lo cierto y usted miente respóndame algo: ¿En qué momento supuestamente se enamoró de mí?-Dije tratando de mostrarme fuerte y segura aunque por dentro mi confusión e inseguridad reinaban.

Se acercó un poco titubeante y se paró a mi lado, me observaba de una manera tan especial, era algo tan suyo que nunca nadie me miró así otra vez. Me tomó una mano y la acarició unos momentos, una ola de calor me invadió y se sentía tan bien estar así que no hice nada por zafarme. Sin soltarme decidió hablar:

-La verdad es que no sé cómo pasó. Es algo tan extraño y absurdo, no tiene explicación. No tiene ni pies ni cabeza. Te quiero sólo por ser como eres, tan distinta a cualquier mujer que he conocido.

Eso me irritó inmediatamente, le gustaba sólo por ser “novedosa” dentro de sus círculo de mujeres pero a la vez me conmovió verlo parado frente a mí diciéndome esas cosas.

-No puede ser, usted se va a casar y esto es una tontera. Lo que pasa es que cómo yo no caí rendida a sus encantos se le hizo un desafío conquistarme pero no crea que con estas palabras logró algo. Al contrario, sólo ha hecho que me siga desilusionando de usted y de todos los hombres.

-No es esa mi intención. Le juro que es verdad todo lo que he dicho, yo la quiero. Pienso en usted noche y día, en esa sonrisa que sale de repente pero lo ilumina todo, en sus ojos color verde que me encandilan y a los que soy adicto.

-¿Este es el versito barato que usa con todas? Claro…el color de los ojos cambia ¿no?-Dije con amargura. ¿Qué me pasaba? ¡Yo odiaba a ese hombre! ¿O no?

-No pretendo que me creas de la noche a la mañana, pero te lo demostraré. Tal vez este es mi castigo por haber sido tan mujeriego.

-Bien bonito ¿o sea que enamorarse de mi es un castigo?

Octavio se puso a reír a carcajadas a tal punto que consiguió contagiarme, cuando nos relajamos todo pareció más fácil. Era una sensación tan exquisita estar así con él, el abismo de intolerancia y rencor que nos separaba siempre había desaparecido y en ese momento todo me parecía perfecto. ¡Qué sonrisa más fascinante! Aún recuerdo la influencia que tenía sobre mí, era algo inexplicable.

MEMORIAS

Capítulo XI

Mi madre estaba parada en la puerta del negocio echando chispas por los ojos y prácticamente espuma por la boca, lo peor es que no estaba sola, Octavio la acompañaba. Se acercó a paso veloz a donde estábamos y de un solo tirón me separó de Marcelino mientras su acompañante miraba, según mi percepción, desilusionado y desconcertado por la situación.

-¡Mamá por favor! ¿Qué le pasa?

-¡Y me lo preguntas! Llego aquí y te encuentro abrazada a un hombre. Estás sola Rosario ¿cómo se te ocurre hacer semejante estupidez? Sobre todo ahora que tienes novio…

-¿Novio?-Interrumpí confundida.

-¿Novio?- Preguntó Octavio mientras fruncía el ceño, aunque nadie le dio mucha importancia a su intervención.

Mi mamá me soltó y me arregló la ropa que con la brusquedad del tironeo se había desordenado y se dispuso a hablar.

-Así es, mi hija es una mujer casi comprometida ¿Verdad?

-¡No! ¿De dónde ha sacado que Karim y yo somos novios?

Antes de que mi madre pudiera responder Marcelino tomó la palabra sin darle mucha importancia a la situación:

-Bueno días, señora Nassiha. Quisiera desde ya disculparme por el impulso de abrazar a su hija, sólo nos dejamos llevar por la emoción de reencontrarnos.

-Mire joven, yo hace tiempo le dije a mi hija que no quería que lo frecuentara. A mi me importa muy poco que haya vuelto y no crea que porque pasó el tiempo mi opinión ha cambiado.

-Supuse que no, señora. Pero bueno, espero que algún día se de cuenta de que no soy mal tipo. Mejor me voy. Adiós, Rosario. Nos vemos pronto.

-Adiós, no tengas duda que nos volveremos a ver. Cuando puedas pasa por aquí.

Mi madre iba a intervenir pero de pronto me miró a los ojos y prefirió callar, supongo que por no hacer un escándalo delante de Octavio. Una vez que Marcelino se fue comenzó a hablar rápidamente:

-Escúchame bien Rosario, tú no volverás a ver a ese joven y es mi última palabra. No intentes discutir porque será en vano, ahora mejor atiende al señor Martínez que supongo está apurado. Me voy a terminar las cosas en la casa. Adiós, Octavio. Saludos a su novia.-Dijo mientras se marchaba olvidando mencionar por completo el asunto que la había llevado hasta el negocio.

Octavio se despidió de mi madre con cierta distracción y una vez que se fue me miró fijamente. De pronto me puse nerviosa al saberme a solas con él, se me aceleró el pulso y para disimular tomé el plumero y empecé a limpiar las vitrinas esperando que hablara pero sólo me observó en silencio por largo rato. Se me hizo tan insoportable que no apartara la vista de mí que decidí romper el silencio:

-¿Qué se le ofrece señor Martínez? Supongo que no vino hasta aquí a mirarme, para eso tiene su futura esposa.

-¿Desde cuándo tiene novio?- Preguntó con seriedad.

Era tan rara su pregunta como mis ganas de contestarle que era verdad, pero lo pensé mejor y concluí que era realmente una tontería. No le iba a dar en el gusto por lo que busqué un modo de safar de su pregunta:

-Eso no es asunto suyo, así como no era asunto mío desenmascararlo delante de su novia. Aunque ganas no me faltaban.

-¡Por favor, respóndame!-Suplicó.

-No. Y si es a eso a lo que venía le pido que se vaya de una vez. Pero antes quiero saber ¿por qué está tan interesado en mi respuesta?

-Simplemente porque la quiero.

viernes, mayo 07, 2010

MEMORIAS

Capítulo X

Marcelino Huidobro era un antiguo pretendiente, al que por su puesto mi mamá espantó, él único amigo que tuve cuando era adolescente y él que me dio mi primer beso. Era un hombre realmente encantador, honesto y muy inteligente, pero la gente no veía eso precisamente, el hecho de ser hijo de una madre soltera cuyo negocio era un burdel, el más conocido de Valle de Luna, le pesaba. Todo el pueblo lo despreciaba a él y a su madre.

Aún recuerdo las palabras de mi mamá cuando le mencioné que Marcelino me gustaba: “¡Estás loca, Rosario! ¡Jamás permitiré que te enredes con un huacho que más encima es hijo de la puta más conocida de la región! ¿Quieres que nos señalen con el dedo?” Con esas palabras me di cuenta de que era mejor dejar todo hasta ahí, pero eso no quitó los buenos momentos que pasé con Marcelino. A los quince años a uno poco le importa lo que digan los padres y yo no fui la excepción.

Aunque los encuentros con Marcelino casi siempre fueron pura casualidad hubo una vez en la que salí a escondidas sólo para verlo, de verdad me gustaba estar con él, me hacía reír en todo momento y el tiempo se me pasaba volando. Recibí unas buenas cachetadas por mi desobediencia y estuve encerrada tantos meses que él se fue a estudiar afuera y yo ni supe.

Abracé a Marcelino fuertemente casi cortándole la respiración, él me correspondió y me sentí feliz por eso. A pesar del tiempo yo sabía que seguíamos siendo amigos.

-¡Que excelente recibimiento! ¡Mira lo bella que estas!-Dijo mientras me besaba la frente.

-Aún no puedo creer que estés aquí. No tienes idea de lo mucho que te he echado de menos.

-¿Hasta ahora? Si han pasado varios años ¿cómo es posible?

-Tengo muy buenos recuerdos de nuestros momentos juntos, eras el único amigo que tenía.

-Sabes que yo quería ser algo más…Es una lástima que tu mamá se opusiera tan firmemente.-Dijo sonriendo.

-Pero eso ya pasó y ahora podemos seguir siendo amigos ¿o no?

-¿Tengo la posibilidad de ser algo más?

Nos miramos por un rato y finalmente nos pusimos a reír, sabía que hablaba en serio pero la tensión del momento nos puso nerviosos a los dos. No sabía exactamente que me pasaba con él, quizás lo había idealizado mucho en el tiempo que estuvo afuera y por eso me temblaban las rodillas, más aún cuando pensé que él podía ser mi admirador secreto.

-Cuéntame ¿cuándo llegaste? ¿A dónde te fuiste? ¿Qué ha sido de ti estos años?

-¡Tantas preguntas! Veo que lo curiosa no se te ha quitado para nada. Bueno, me fui a terminar mis estudios a Santiago, soy todo un Contador. –Contestó con una sonrisa de oreja a oreja.-Llegué anoche y a la única que quería ver era a ti, después de mi madre, claro. No tengo muy buenos recuerdos te este lugar.

-Te entiendo, pero ya sabes que “a palabras necias oídos sordos” Me alegra mucho que te hayas acordado de mí y también lamento mucho no haberme podido despedir. Te juro que no sabía nada, nunca pensé que te irías.

-Lo sé, fue una decisión repentina de mi madre. Al parecer creyó que no me hacía bien los comentarios de la gente y creo que me hizo un favor. Y también supe del castigo que te puso tu mamá, así que está completamente disculpada.

Conversamos largo rato, Marcelino seguía siendo el mismo de siempre y su simpleza me hacía sentir como en nuestros tiempos de adolescencia. A pesar de los años nada había cambiado entre nosotros, la amistad seguía intacta pero eso no quitaba la gran pregunta de mi cabeza: ¿Sería él quien me enviaba los tulipanes? Claro, él venía llegando pero en ese momento no significó un obstáculo para mí porque sabía que conocía a todos en el pueblo y perfectamente podía haberse aliado con alguien para que lo ayudara mientras regresaba. Todo me calzaba muy bien.

Se nos pasó tan rápido la mañana que ni si quiera nos dimos cuenta de que ya era la hora del almuerzo y que yo debía cerrar para ir a mi casa. Marcelino se despidió prometiendo volver pronto a visitarme y exigiendo una salida nocturna aunque eso significara volver a escaparme de mi casa como aquella vez, cosa que a mi me pareció una excelente idea. Eso de volver a practicar una fuga era bastante entretenido.

Mi viejo amigo se acercó con la misma confianza de siempre para despedirse, nos abrazamos nuevamente felices por el reencuentro hasta que un grito agudo y furibundo nos alejó de tan dulce momento.

jueves, mayo 06, 2010

MEMORIAS

Capítulo IX

Pasó un mes. Las salidas con Karim se hicieron habituales y mi madre no daba más de alegría, pero igual de frecuente (y eso era lo que realmente ocupaba mi mente) eran los ramos de tulipanes que aparecían cada día sin firma y con el paso de los días sin mensajes. La ausencia de notas hacía la situación aún más intrigante, tenía la sensación de que por medio de las palabras, por simples que fueran, podría conocer mejor al galán que me rondaba.

Mi madre criticaba la emoción que sentía cada vez que recibía las delicadas flores, decía que era absurdo que me gustara recibir regalos de un extraño que probablemente jugaba conmigo ya que si su interés era real hubiera dado la cara desde un comienzo. Aunque en realidad lo que le molestaba a mi mamá era que no estuviera poniendo ni un poco de mi parte por formalizar con las cosas con Karim, además de espantarlo con mis comentarios negativos sobre los hombres y el matrimonio.

Un día conversando con Blanca decidí contarle sobre mi admirador secreto.

-¡Qué increíble, Rosario! ¿Quién será? ¡Es como en las novelas!-Dijo riendo.

-¡Ay! De verdad que no tengo la menor idea de quién puede ser. Pero en algo le encuentro razón a mi madre…es un cobarde.

-Perdóname amiga, pero resulta que el carácter de tu madre es bastante difícil y exigente. Creo que eso basta para que cualquiera tenga miedo de presentarse formalmente.

-Bueno, eso es algo que no puedo controlar. Lo peor es que ha logrado que me entre la curiosidad. Quiero saber quien es.-Dije decidida.

-¿Rosario? ¡No!-Blanca grito de manera casi despiadada.

-¿No qué?

-¡Te enamoraste!-Sentenció con seguridad.

Sentí un escalofrío y callé por unos momentos. Blanca me miraba y yo me concentraba en la sonrisa que se dibujaba en su rostro. Dudosa me dispuse a hablar:

-Para nada. ¿Qué cosa tienes en la cabeza? ¿Cómo me voy a enamorar de alguien que no conozco?

-¡Fácil! El misterio siempre es atractivo. Aún así, creo que tu mamá tiene razón. Deberías olvidarte de “el galán misterioso” y concentrarte en Karim. Es un excelente partido.

-¿Tú también? Blanca, no quiero casarme aún. Estoy cansada con la presión de mi madre sobre ese tema, no te hagas parte de esa estupidez, por favor.-Contesté con cansancio mientras pensaba en que no sabía bien qué me pasaba con el admirador secreto. No podía afirmar si era amor o no pero de algo estaba completamente segura: no me era nada de indiferente. Blanca tenía razón, el misterio lo hacía atractivo.

Pasaron los días, Amir y mi madre decidieron que retomara mi trabajo en la joyería porque mi hermano debía ausentarse cada vez más debido a su trabajo en la política. Me sentía mucho más tranquila trabajando porque al menos mantenía alejada a mi madre y a sus desagradables comentarios acerca de mi relación con Karim. El paso del tiempo ya la tenía bastante cansada al no ver frutos, por lo que cada día me daba un sermón diciéndome que iba a perder al mejor hombre del pueblo por puro capricho.

Recuerdo el miedo que sentía respecto al tema de casarme y lo que más me asustaba era que Karim se pronunciaba a menudo de manera indirecta diciendo que él quería casarse joven, pero afortunadamente yo tenía a mi favor su timidez y por eso nunca se había declarado. Gracias a eso pude hacerme la desentendida libremente y sin sentir culpa.

Los ramos de tulipanes seguían llegando y mi habitación estaba repleta de ellos, mi madre se quejaba de que mi dormitorio parecía más una selva que cualquier otra cosa. Me encantaba ver su cara cada mañana cuando recibía los tulipanes, le molestaba tanto que otro hombre se estuviera interponiendo entre Karim y yo que hasta llegó a regañar a los pobres mensajeros que los llevaban. Por su puesto le mandó una gran cantidad de mensajes vía oral a mi admirador secreto, los mensajeros tenían miedo de llegar cada mañana por las reacciones de mi madre.

Por mi parte yo sólo estaba pendiente de obtener algún indicio, alguna pista que me dijera quien era el hombre que se daba el trabajo de mandarme flores cada día y me preguntaba cuando daría la cara, aunque no sabía bien que haría cuando lo supiera. Si bien fantasear era algo que me encantaba sabía que fuera quien fuera no sería nada fácil llegar a algún tipo de relación porque claramente mi madre se opondría. Le di tantas vueltas sin tener ningún resultado que en un momento llegué a pensar que nunca conocería a ese hombre misterioso, hasta que un día se presentó en la joyería un posible candidato.

-Buenos días, Rosario.

-¡No lo puedo creer! ¡Marcelino Huidobro! ¿Cómo estás?-Saludé efusivamente a mi visitante con un abrazo.

miércoles, mayo 05, 2010

MEMORIAS

Capitulo VIII

Comencé a leer y me di cuenta de que mi madre tenía razón, efectivamente ese ramo lo enviaba Karim y no me quedó más remedio que decírselo.

-Es de Karim, mamá. ¿Quiere leer la tarjeta?

-¿Cómo? Pero si no me dejó ver la otra ¿por qué esta si?-Preguntó con curiosidad.

-Bueno, es que es algo que la involucra a usted. –Dije con desilusión mientras le pasaba el papel. Mi mamá buscó sus lentes y se decidió a leer en voz alta.

-“Rosario, tome este obsequio como muestra de gratitud por la maravillosa velada que pasamos anoche. Me gustaría verla otra vez esta tarde, envié su respuesta con el joven que le ha llevado las flores. Se despide Karim Abud”

-¿El joven que trajo esto está esperando?-Pregunté aún aturdida por lo que estaba pasando.

-¡Es cierto! No había entendido por qué me hablaba sobre una respuesta. Lo haré pasar y le ofreceré un jugo mientras respondes.

Mi mamá estaba feliz, no había dudas. Nunca hacía entrar a nadie a la casa, menos a los desconocidos que sólo eran recaderos, jamás cuando estábamos las dos solas. Según ella era mal visto que hombres extraños a la casa entraran cuando había mujeres solas, además de peligroso.

Más que en Karim pensaba en el sencillo ramo de tulipanes que descansaba sobre la mesa, no podía dejar de especular sobre quien podía habérmelos mandado. Si, tenía una lista de posibilidades, sin duda tenía un sin número de pretendientes pero hace meses que ninguno me había hecho algún otro regalo. Después de que mi madre interfería todos huían como ratas.

-¡Hija, reaccione! ¡Rosario!-Dijo mi mamá interrumpiendo mis pensamientos.

-Disculpe, estaba distraída. Bueno, le toca decidir a usted. ¿Me dará permiso para ver a Karim?- Pregunté temiendo la respuesta, que obviamente fue la que no quería escuchar.

-¡Por supuesto! Rosario, yo confío en que todas las estupideces que me dijo anoche desaparecerán cuando encuentre al hombre que la haga sentir segura. Por lo que me ha contado Amir, este joven es el indicado para eso. Escríbale una nota diciendo que la venga a buscar a las tres.

Muy a mi pesar obedecí. No es que no quisiera ver a Karim, sólo estaba segura de que verlo era un arma a favor de mi madre para presionarnos a ambos a tener una relación. También alborotaría a mis hermanos para que averiguaran más sobre él y me vigilaran.

A las tres en punto sonó el timbre. Mi madre había elegido cuidadosamente el vestido que debía ponerme, era blanco y sin mucho escote, me sentía vestida de novia. Me peinó de manera sutil, mi melena color chocolate caía sobre los hombros y la adornaba una fina traba que tenía pequeños diamantes, creo que nunca se había esmerado tanto para hacerle saber a alguien que su hija era hermosa o al menos eso decía ella.

Mamá hizo pasar a Karim al living, nos sentamos y ella se sentó a mi lado. Pocas veces en mi vida me sentí tan incómoda, creo que eso se debía a que tenía clara las intenciones de ambos y también las mías, que no concordaban para nada con las suyas.

-Es un gusto tenerlo en mi casa, Karim. Quiero aprovechar de agradecerle por traer a Rosario anoche, fue un gesto muy amable y galante.-Dijo mi madre para romper el silencio.

-No fue nada, señora Nassiha. Para mi fue muy agradable conocer a Rosario, es una joven maravillosa. Acompañarla hasta aquí era lo mínimo que podía hacer.- Contestó Karim con timidez.

-Es muy gentil, joven. Bueno, me gustaría saber a dónde llevará a mi hija. Una madre debe estar enterada de todo.

-Lo comprendo, señora. Me gustaría que fuéramos a una heladería nueva que se abrió cerca de la plaza. Siempre que ella quiera, claro.-Dijo Karim aún inseguro.

-¡Es una idea fantástica! Sobre todo con el calor que hace hoy. Conociendo a Rosario estará muy de acuerdo en ir.

¿Qué estaba pasando? ¿Quién era esa mujer y donde estaba mi madre? Nunca la había visto siendo tan complaciente con ninguno de los hombres que se me había acercado. Era realmente aterrador y realmente sentía pena por el pobre Karim, sabía que en el fondo esas reacciones de mi madre lo perturbaban y lo ponían tenso. En ese momento me decidí a salvarlo.

-Tiene razón, mamá. Pero creo que deberíamos irnos pronto para que no se haga más tarde. Quizás Karim tiene cosas que hacer.

Con esto logré que la celestina nos dejara ir. Aún recuerdo la cara de Karim, estaba realmente nervioso y la presencia de mi madre lo agravaba todo. Salimos de la casa prácticamente corriendo.

martes, mayo 04, 2010

MEMORIAS

Capítulo VII

Karim habló con Amir quien no tuvo inconveniente de que mi nuevo amigo me acompañara. Ellos ya se conocían de antes, por eso mi hermano confiaba en él y estuvo contento de que nos hubiéramos conocido.

El camino hacia mi casa fue bastante grato, me olvidé de cualquier mal rato y disfruté de la compañía de Karim. Era un buen hombre, siempre lo fue y a veces me arrepiento de no haberme dado cuenta antes. Talvez con él hubiera sido feliz.

Finalmente llegamos, las luces de la casa estaban encendidas por lo que mi madre debía estar despierta. Era realmente increíble.

-Gracias por acompañarme, Karim. Realmente ha sido un placer conocerlo.

-Para mi ha sido mucho más que eso, Rosario.- Tomó una de mis manos y nuevamente la besó.- Realmente me gustaría verla de nuevo, si es que no le molesta.-Dijo inseguro.

De inmediato me di cuenta que las intenciones de Karim iban mucho más allá que una simple amistad que era lo que yo buscaba y podía ofrecerle en ese momento. Aún así, y sabiendo que probablemente yo no le correspondería, acepté.

-Estoy de acuerdo en que nos veamos de nuevo. Ahora debo entrar, mi madre está esperando.

Me despedí de Karim y entré a la casa dispuesta para el interrogatorio, mi madre se extrañó de verme llegar sola pero logré tranquilizarla al explicarle todo. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando le comenté que había visto a Amir con una joven y sonrió aún más cuando le conté que había conocido a Karim.

-¡Ay, hija! Creo que ha sido una noche provechosa. Tu hermano me habló varias veces de Karim Abud, es un buen hombre. Si tenemos suerte, debe andar en busca de una mujer para casarse.

-Eso es lo más probable, madre. El punto es que yo no estoy buscando eso.-Contesté mientras me desarmaba el hermoso peinado que me había hecho mi mamá.

-¿Qué cosas dices, niña? ¿Qué te está pasando últimamente? ¿Qué mujer no quiere casarse?

-Yo, por ejemplo. Mamá, no todas las mujeres nacen para casarse. Además, a mi me gustaría hacer otras cosas antes de esclavizarme a una casa.-Dije tratando de actuar con naturalidad.

A medida que hablaba mi santa madre se ponía cada vez más pálida, viendo hacia atrás no entiendo como esa noche no la maté. Aún recuerdo la conversación de aquella noche, mi mamá estaba desconcertada y creía que yo me había vuelto loca.

-Rosario, te he educado para que seas una mujer de familia. No toleraré que seas una de esas locas liberales, esas que quieren irse de la casa estando solteras.-Dijo con severidad.

-Mamá, piénselo. Sería una buena opción que yo me fuera a estudiar alguna carrera. A mi me gustaría estudiar idiomas. Podría irme a Santiago y…-Fui interrumpida, la furia de mi madre estalló.

-¡Ni se te ocurra! ¡Eso jamás! Tu lugar está aquí. ¡Sólo saldrás de esta casa para formar tu propia familia, antes no!

Mi madre abandonó el dormitorio dando un portazo y dejando mis ilusiones moribundas. Me senté en la cama y pensé que soñar era hermoso pero que no servía para nada.

Al día siguiente me levanté sin ganas, me di un baño y bajé a desayunar. Iba con miedo, mi mamá usaría la conversación de la noche anterior para torturarme por varios días. Seguramente lo comentaría con Amir para que hablara conmigo y me convenciera de que lo que yo quería era una soberana estupidez.

Cuando llegué al comedor encontré a mi madre muy contenta, me saludó con un tierno beso y me invitó a sentar, luego me sirvió mi acostumbrado café con leche y se sentó a mi lado.

-Hija, ha llegado un regalo para ti muy temprano.-Dijo con complicidad.

-¿Un regalo? Que yo sepa no es ni mi cumpleaños ni mi santo. ¿Amir me trajo otra muñeca de porcelana?

-No, no es un regalo de Amir ni de ninguno de tus hermanos. Ven, acompáñame al living. No puedo esperar a que lo veas.

Llegamos hasta el living y en la mesa de centro había un ramo de tulipanes amarillos, atados con una cinta de raso azul y con una tarjeta colgando de ésta. Me acerqué al ramo un poco confundida, no era la primera vez que me llegaban flores pero las otras veces a mi mamá no la ponían de tan buen humor. Nadie era lo suficientemente bueno para su hija, hasta ese momento al menos.

Tomé el ramo que era realmente precioso y leí la nota que traía, aún tengo esa tarjeta entre mis tesoros de juventud, sólo decía “Te Quiero”. Busqué rápidamente la firma pero no encontré nada, el regalo era anónimo.

Mi madre se acercó para tratar de leer lo que decía la tarjeta y yo la oculté, me daba vergüenza que la leyera. Usando la manipulación y en tono de reproche me dijo:

-¿No confías en tu madre, niña? Al meno dime ¿es de Karim?

-No es que no confíe en usted, mamá. Estas son cosas mías, no me gusta que nadie más sepa. Y no, no es de Karim. No tiene firma.

-¿Un anónimo? ¡Talvez es una forma de conquista de Karim! –Dijo mi madre de manera entusiasta.

En ese momento sonó el timbre, mi mamá fue a abrir la puerta mientras yo me preguntaba si sería Karim el autor de ese ramo tan hermoso. A los pocos minutos después apareció mi madre cargando un enorme ramo de rosas blancas y rosadas del que asomaba una tarjeta. Era un arreglo realmente precioso.

Mi madre me miró confundida pero sonriente, realmente disfrutaba de esas cosas, sobre todo porque era un buen comienzo para enrielarme en el asunto de formar una familia.

-Creo que has conquistado a varios en ese baile. Pero el que me interesa es Karim, así que uno de estos dos ramos tiene que ser de él.

-¡Mamá, no se entusiasme! Además, otras veces me han llegado regalos de otros pretendientes y a usted le molesta. ¿Por qué ahora es diferente?

-Es diferente porque Karim es un hombre serio, trabajador y lo mejor es que es de los nuestros. ¿Qué mejor partido quieres?

-¡Conozco a Karim desde anoche! No pudo surgir ningún sentimiento en tan poco tiempo. ¡Deje a ese pobre hombre en paz! ¡Quiere cazarlo a toda costa!-Dije recalcando la z.

-Soy una madre que quiere lo mejor para su hija ¿es tan terrible eso, niña? Deje de llevarme la contra y lea la tarjeta de éste ramo. ¡Uno de los dos es de Karim, hija! Se lo aseguro.

Tomé la tarjeta entre mis manos deseando con fervor que no fuera de Karim, sabía que eso sería el trampolín a las fantasías de mi madre sobre un matrimonio que, lamentablemente para ella, no se haría nunca.

lunes, mayo 03, 2010

MEMORIAS

Capitulo VI

Bailamos un buen rato hasta que decidimos sentarnos a conversar antes de que terminara la fiesta. Karim me empezó a contar como había sido su llegada a Valle de Luna, venía desde el Líbano por cosas de negocios y decidió radicarse en el pueblo. Estaba solo y sin mucha pretensión de volver a su país natal.

La charla era amena y fluida y el tiempo pasaba rápido, pero mientras hablábamos me sentí observada. Cuando miré alrededor encontré los ojos de Octavio clavados en mí, parecía incómodo y molesto. Nuevamente sensaciones extrañas me invadieron, era una mezcla de nerviosismo y a la vez felicidad, algo que nunca más volví a sentir. Pero a pesar de todo eso no presté atención a la drástica mirada que me dedicaba.

Desgraciadamente Karim debió ausentarse unos momentos. Quedé sola, lo que se convirtió en el momento oportuno para que Octavio se acercara sin llamar mucho la atención, ya que su novia estaba entretenida bailando con su padre.

-Buenas noches, Rosario.-Saludó con brusquedad.

-¿Cómo está señor Martínez?

-Bien, y espero seguir igual. Todo depende de usted.

-¿Perdón? ¿De que me está hablando?- Pregunté desconcertada.

-Sólo quiero asegurarme de que cuento con su discreción.-Contestó en tono de súplica.

Reí sin ganas y me paré del asiento, empecé a caminar apurada pero tratando de pasar desapercibida, las mejillas me ardían de rabia. Finalmente llegué al jardín y Octavio atrás de mí.

-Rosario ¡Por favor respóndame! Este matrimonio es importante, es un negocio. No necesito que una mujer totalmente extraña venga a arruinar mis planes. Su altanería y amargura no son mi responsabilidad. Sólo dígame ¿guardará el secreto?

-Ya fue suficiente, no le voy a permitir que me siga insultando. Me importa un bledo que sea cliente de mi hermano. Escúcheme bien imbécil mal educado, yo no vine aquí por los motivos que piensa, ni si quiera se me había ocurrido delatarlo. ¡Qué su mente podrida lo tenga así de perturbado no es mi problema! Está en su conciencia saber que anda por ahí encamándose con una y con otra mientras está a un paso del altar.-Contesté encolerizada.

-¡Que vocabulario tan fino! ¡Digno de una señorita como usted! Si sigue así se quedará solterona.

-Si casarse significa someterme a escorias como usted, obviamente prefiero la soltería.

Se produjo un silencio. Nos mirábamos con furia, el ambiente estaba tan denso que cualquiera que llegara en ese momento lo notaría sin que nadie dijera palabra. Me disponía entrar pero él agarró fuertemente uno de mis brazos y me detuvo sin que yo pudiera soltarme.

-¿Está loco? ¡Suélteme!-Grité enfurecida.

-¿Está segura de que no dirá nada? Si Esperanza llega a saber la verdad el compromiso se acabará.

-¡Usted es realmente patético! Ni si quiera está enamorado de esa pobre mujer, la está llevando a una vida infeliz. ¡Claro, como usted por ser hombre puede buscar satisfacción en otro lado y hacer lo que le plazca le da igual todo! Si la engañó antes de casarse, casados será peor.

-Para casarse no se necesita amor. Ya le he dicho, el matrimonio es un negocio no un cuento de hadas. Por otro lado, nada de lo que yo haga es asunto suyo.-Contestó Octavio mientras me soltaba.

-Tiene razón. No diré nada.-Dije dando fin a la conversación.

Di tres pasos para entrar al salón y luego me devolví a donde estaba él, me miró con curiosidad, cuando estuvimos bastante cerca levanté mi mano derecha y le di una cachetada tan fuerte que lo hizo caer al pasto mojado. Extremadamente satisfecha y con una sonrisa en los labios le dije:

-Nunca más se atreva a tocarme. Buenas noches.

Me fui. Mientras me alejaba los ojos de Octavio no se despegaron ni un minuto de mí, entré en el salón sintiéndome tranquila y feliz por lo que había hecho.
Ubiqué a mi hermano entre la multitud, coqueteaba con una joven que nunca había visto en el pueblo pero no me quise acercar y arruinarle el momento. A pesar de mi triunfo la sensación de victoria había ido decreciendo, me sentía bastante mal y no sabía por qué. Estaba ideando como irme sin molestar a mi hermano cuando apareció Karim:

-Rosario, disculpe la demora. Pensé que no la iba a encontrar.

-Por poco no me encuentra, estaba a punto de irme.-Dije incómoda.

-¿Se iba sola? Vi a su hermano y no tiene intención de abandonar la fiesta.- Dijo mientras me miraba sonriente.

Ambos nos dimos vuelta para mirar a Amir, efectivamente aún estaba con la joven, muy entusiasmado por lo demás.

-Bueno si, me iba a ir sola. Aunque eso me traería muchos problemas con mi madre y probablemente a mi hermano lo matarían por permitir una locura así. Pero ya estoy cansada y no quiero arruinarle la fiesta a Amir.-Contesté con pesar.

Amir lo estaba pasando bien, rara vez salía de su rutina y dejaba espacio para la diversión. No iba a ser yo la causante de que tuviera que irse.

-Bueno, si no es mucho el atrevimiento, yo podría hablar con su hermano y acompañarla hasta su casa. Si es que quiere, claro.

-Se lo agradecería mucho.-Dije aliviada.

-Para mi será un placer.-Karim habló con timidez.

viernes, abril 30, 2010

MEMORIAS

Capitulo V

Al día siguiente a la hora del desayuno Amir parecía bastante apurado y al parecer mi madre conocía las razones porque sirvió todo bastante rápido. Cuando se sentó a la mesa mi hermano no tardó en hablar:

-Mamá, sé que Rosario está castigada pero quiero pedirle permiso para que asista a un baile que darán esta noche, si es que ella quiere. Me han invitado y la verdad es que me gustaría que me acompañara. Pienso que si talvez ella socializara más le iría mucho mejor como vendedora en la joyería.

Mi madre me miró dudosa, yo bajé la vista y me concentré en el té y las tostadas. Permanecí callada, un silencio bastante incómodo por lo demás, pero hacía tiempo que había dejado de insistir con lo de salir a bailes por lo que ir o no me daba exactamente igual.

-Realmente no creo que lleve bastante tiempo encerrada como para que haya aprendido la lección pero pienso que tiene razón, Amir. Esta niña necesita conocer más gente, además ya está en edad de tener novio y aquí encerrada no va a encontrar. No quiero que se le vaya el tren por mi culpa, por eso cedo a que la lleves. ¿Quieres ir a ese baile, hija?

-Si quieren que vaya iré, realmente me da igual.-Contesté con desinterés. La verdad es que mi mente andaba en otro lado.

Mi madre puso los ojos en blanco y balanceó la cabeza de un lado a otro, luego curiosa preguntó:

-¿Cuál es el motivo de ese baile?

-El compromiso de Octavio y Esperanza. Irá mucha gente importante, políticos y gente con mucha influencia en el medio. Debo estar ahí si quiero ser candidato por el partido.

La poca ilusión de ir al famoso baile se desvaneció mas rápido que decir “ya”. No me era nada agradable la idea de encontrarme nuevamente con Octavio, pero sobre todo, ser partícipe de una farsa, celebrar algo que era una completa mentira. Festejar que esa pobre niña se iba a casar con un mujeriego de lo peor y que le verían la cara de tonta, lo más probable, el resto de su vida.

El día pasó rápido, ni si quiera me di cuenta en que momento mi mamá planchó mi hermoso vestido de fiesta. Insistió con peinarme y maquillarme ella, no quería que su hija pareciera una cualquiera. Debía dejar muy bien el nombre de nuestra familia.
A las siete en punto Amir y yo estábamos llegando al Club Social, el centro del evento. Había un gran número de personas, prácticamente no conocía a nadie, salvo a las que habían sido compañeras mías en el colegio y que veía de vez en cuando en pequeñas reuniones de té.

La comida pasó de prisa, al parecer todos estaban ansiosos por la hora del baile, incluso, el padre de la novia tuvo que dar un discurso bastante corto ya que notó el entusiasmo de todos los que estaban ahí por empezar a bailar. Octavio estaba radiante, pasó un buen rato antes de que me diera cuenta de que lo estaba mirando y lo peor, de que lo encontraba atractivo. Cuando me percaté de este hecho se me aceleró el corazón, latía tan fuerte que pensé que me iba a desmayar en cualquier momento, mi hermano lo notó pero finalmente logré evadir la respuesta simulando una alta de presión. Amir bailó un rato conmigo, luego desapareció y se dedicó a hablar de negocios y política por lo que no me quedó más remedio que sentarme a ver como el resto de los invitados disfrutaban de la buena música. Pero pronto tuve compañía, un joven de mediana estatura, ojos verdes y largas pestañas se acercó a mí, se sentó a mi lado y sin muchos rodeos habló:

-Buenas noches, señorita.

-Buenas noches.-Contesté con sequedad.

-Soy Karim Abud, es un placer conocerla.-Dijo mientras tomaba una de mis manos y la besaba.

-Rosario Slaib. ¿Puedo ayudarlo en algo?

-Me preguntaba si me concedería un baile.-Preguntó temeroso.

Acepté. Nunca he podido descubrir por qué Karim me simpatizó de inmediato, no sabía nada de él pero algo me decía que no era como todos, que podía estar tranquila porque no sería capaz de dañarme. En mis tiempos de paranoia y repudio contra los hombres él fue el único que logró vencer el obstáculo que yo misma puse para todos los demás que se me quisieron acercar. Gracias a Dios no me equivoqué, siempre hizo honor a su nombre, generoso y noble. Así fue mi Karim.

jueves, abril 29, 2010

MEMORIAS

Capitulo IV

Blanca esperaba ansiosa a que llegara Octavio y no se dignaba a disimularlo, se arregló el pelo y se cruzó de piernas. Cuando finalmente estuvo con nosotras ella se levantó del asiento dando un salto.

-Buenos días, señoritas. ¿Disfrutando de una hermosa mañana?-Preguntó con tono seductor.

-Buenos días, señor Martínez. ¿Cómo está? Permítame felicitarlo por su compromiso, ha escogido una buena mujer.-Saludó Blanca con bastante coquetería.

-Gracias, Blanca. Rosario ¿no me va a saludar?

-Buenos días, señor Martínez. ¡Muchas felicidades por su compromiso! ¡No sabe el gusto que me dio enterarme de la noticia!-Dije con ironía.

Octavio se incomodó bastante, supongo que por un momento pensó que podría haber delatado su aventura con Victoria delante de Blanca, se aclaró un poco la garganta y para desviar el tema de su compromiso empezó a preguntarle a mi amiga por su familia. Yo me dedicaba a observarlo, hasta que por fin terminaron su conversación y Blanca se excusó para ir a saludar a unas amigas que estaban a unos cuantos metros de distancia. Tenía que esperarla y Octavio aprovechó ese momento para hablarme.

-Quiero hablar contigo, Rosario. Perdóname por haberte ocultado lo del compromiso con Esperanza, lo que pasa es que no quería que empeorara la imagen que tienes de mí.

-En primer lugar, no me tutee, yo no le he dado esa confianza. En segundo lugar, a mi no me tiene que pedir perdón de nada y en tercer lugar, lo que yo pienso de usted le tiene que importar un pepino porque yo no soy nadie para usted. Por otro lado, la imagen que tengo de usted ya no puede empeorar, señor. Tengo claro que es el tipo de hombre mujeriego y mentiroso que ve a las mujeres como un objeto, y se aprovecha de la inocencia de algunas prometiéndoles el cielo y regalándoles joyas para sentirse menos culpable por haberlas usado. Es de lo peor que puede haber en el mundo.-Sentencié con amargura.

La cara de Octavio dejó ver un poco de tristeza y creo que hasta un poco de vergüenza, supongo que lo hice sentir una porquería, algo a lo que no estaba acostumbrado. De a poco levantó la cabeza y me contestó:

-No es necesario que sea tan hiriente, señorita. Creo que no le he hecho nada tan grave para que me hable así. No entiendo el motivo de su rabia contra mí, como usted dijo, son mis asuntos.

-¡Usted no entiende nada porque es un bruto! Ni si quiera me tomaré la molestia de explicarle.

-¡Como diga! Lo único que quiero es rogarle que por favor mantenga su silencio, no quiero que mi futura esposa sepa nada de mis pequeñas aventuras.-Suplicó Octavio.

-Ya le dije que no diré nada, no me gusta andar hablando sobre cosas que no me incumben. Pero no lo hago por usted, simplemente lo hago porque soy una mujer seria y andar de alcahueta por ahí no es correcto.

En ese momento llegó Blanca, ella se despidió de Octavio cariñosamente y yo a penas le dije adiós, ni si quiera lo miré. Nos fuimos a mi casa a almorzar y así pasar la tarde juntas, de alguna forma tenía que hacer más ameno el encierro.

-¡Ay! ¡Que suerte tiene Esperanza! ¿No crees? Debe ser maravilloso estar comprometida, estar a un paso del sueño de cualquier mujer. Formar una familia y dedicarse por entero a ella.- Dijo Blanca mientras escuchábamos la radio y bordábamos un mantel por encargo de mi madre.

-La verdad es que no sé si eso sea lo que quiero para mí. -Contesté automáticamente.

-¿De que estás hablando?- Preguntó Blanca sorprendida.

-No sé si quiera casarme, ni formar una familia. Pienso que debe haber más opciones para una mujer.

-¿Qué otras opciones? Yo no conozco ninguna otra a menos que quieras meterte a monja. Rosario… ¿eso es lo que quieres? ¡Ay, no!-Dijo mi amiga con sorpresa y sufrimiento.

-Ni si quiera se me había pasado por la mente, definitivamente no me refería a eso. Pero por ejemplo ir a la universidad, estudiar una carrera, ser independiente. Eso me parece una buena opción.

Blanca me miraba atónita, en esos tiempos no era para nada común que una mujer tuviera esos planes. De hecho, era prácticamente inconcebible que una mujer prefiriera postergar la maternidad para dedicarse a estudiar sabiendo que las posibilidades de encontrar trabajo eran escasas. La discriminación era superior.

-Rosario, sabes que es una locura. Para eso tendrías que irte del pueblo, dejarlo todo. Sabes que tu mamá se opondrá y que tu lugar está aquí. Tienes que encontrar un marido y casarte, como todas.

-Ese es el punto, no se si quiero ser como todas. Si me caso quiero realmente hacerlo enamorada y porque crea en el matrimonio, no por una obligación social. Además, sé que soy inteligente y que puedo llegar lejos, no me quiero limitar por lo que digan los demás.-Dije decidida.

-¿Te has vuelto loca? ¿Qué mujer no quiere casarse? ¿Qué mujer se arriesga a ser señalada porque si? ¡Sobre todo en un pueblo como este!

-¡Yo! ¿Y sabes por que? Porque pienso que uno no siempre debe hacer lo que el resto quiere. Realmente estoy bastante confundida con lo del matrimonio. La verdad, dudo de que exista el amor y que sea para toda la vida como para casarse.

Aún recuerdo la cara de mi amiga, parece que le hubiera tirado un balde de agua fría. El tema se cerró, ella no hubiera soportado más.

miércoles, abril 28, 2010

MEMORIAS

Capitulo III

-¿Por qué no se va? Yo no tengo por que contestarle nada. Además, su novia, la señorita Victoria lo debe estar esperando. Adiós.

-De eso quiero hablarle, Rosario. Usted escuchó mucho más de lo que yo hubiera querido, y es algo que lamento profundamente. Pero a mi se me olvidó que usted estaba ahí, estoy acostumbrado a que Amir esté sólo y…

-Vamos al grano señor Martínez, me están saliendo raíces.

-Victoria no es mi novia, digamos que es sólo una amiga. Por eso le quería pedir la máxima discreción porque yo…yo no quiero compromisos.-Dijo dudoso.

-No se preocupe, señor. Poco me interesan sus asuntos, no tengo porque andar divulgando por ahí sus cochinadas. Buenas noches.

Entré a la casa y fui al living a encontrarme con mi madre y mis hermanos que acababan de despedir a Octavio. Los cuatro me miraron con reproche, se sentaron y Amir tomó la palabra.

-Rosario, quiero decirle que su comportamiento dejó mucho que desear. ¿No se da cuenta que pudimos haber perdido un gran cliente?

-Discúlpeme hermano, pero yo no…

-¡Cállese Rosario! ¡Su hermano mayor, el hombre de ésta casa está hablando! Sabe perfectamente que a un hombre se le debe escuchar.-Interrumpió mi madre.

Entre ella y Amir me llamaron severamente la atención, fue una extensa conversación sobre como debía comportarse una mujer y la mala forma en la que yo había actuado, pero lo que más recalcaron fue la vergüenza que sentían de todo lo que le había dicho y que ni si quiera me arrepintiera un poco.

-Rosario, agradezca que Octavio es un hombre bastante tolerante. Si no fuera por eso, ya habríamos perdido la venta del anillo de brillantes que me encargó.- Agregó mi hermano.

-¿¡Un anillo de brillantes!? Debe ser para una mujer muy importante y para una ocasión muy especial, una joya así no se regala porque si. ¿Me equivoco, hijo?

-No mamá, no se equivoca. El anillo es para su compromiso, Octavio se va a casar con la señorita Esperanza Rioseco. Una dama, es de una excelente familia, de mucho prestigio aquí en el pueblo.

Se iba a casar, a parte de ser un mujeriego desvergonzado, era un mentiroso. Decir que no quería compromisos, no podía creer que fuera tan cínico. Dejé de pensar en eso cuando escuché a mi madre decir:

-Si Octavio hubiera sido paisano hubiera hecho lo posible porque se casara con tu hermana. Lástima que no sea así y que ya está comprometido.

-Si quiere un marido así para mi mejor tortúreme de por vida, mamá.

-¡Niña! ¿Qué te está pasando? ¿Por qué hablas así? ¿Sabes algo malo del señor Martínez que no me has dicho?

Amir me miró con cara de súplica, en el fondo me pedía a gritos que me olvidara de todo lo que había escuchado en la joyería porque sabía que a nuestra madre le daría un ataque si se enteraba del contenido la conversación que habían tenido y que para colmo yo la había presenciado. Esa noche mamá decidió que mi castigo sería no volver al negocio por unas cuantas semanas, me quedaría en la casa estudiando, leyendo, haciendo labores doméstica y cuando fuera necesario ella iría a ayudar a mi hermano.

Pasaron unos días y el aburrimiento de estar en la casa no podía ser mayor, así que conseguí que mi madre me dejara salir a dar una vuelta. Caminé hasta la plaza, había mucha gente y entre la muchedumbre divisé a Blanca, mi querida y única amiga en esos tiempos. Debo confesar que no era para nada sociable, vivía en constante encierro por el temor de mi mamá de que me pasara algo, tanto así que me perdía todos los bailes y fiestas importantes pero al menos los vivía a través de Blanca. Para sufrir menos, llegué a auto convencerme de que no me gustaban esos eventos sociales, aunque me moría por ir a uno.

Nos sentamos en uno de los bancos a conversar, ella me comentaba los últimos acontecimientos, entre esos el matrimonio de una de las hijas de la familia Rioseco.

-Yo conozco a Esperanza, es bastante simpática. También conozco a Octavio, no sabes, ¡es un encanto de hombre! Ya hubiera querido yo que pusiera al menos un ojo en mí.-Cuchicheaba entusiasmada.

-¡Ay, Blanca! Te aseguró que no es un hombre para ti. No es un hombre para nadie ese idiota.-Contesté con rabia.

-Rosario ¿Lo conoces? ¿Qué sabes de él?

-Si, lo conocí hace unos días y no le encontré nada del otro mundo. Pero lo que digo no es sólo por él, son todos los hombres unos imbéciles.

-¡Rosario, por favor! ¡Esas palabras! Si sigue pensando así de los hombres no se va a casar nunca.

-No sé si me quiero casar. Me he dado cuenta de que los hombres son una basura.-Contesté segura.

-¡Pero qué cosas dice, Rosario!

El tema se terminó ahí. Seguimos conversando de otras cosas hasta que noté que las mejillas de Blanca tomaban un color rojo bastante intenso. Comenzó a echarse aire y trató de calmarse para explicarme que pasaba:

-Rosario, me acaba de saludar Octavio Martínez. ¡Viene para acá!

-¡Blanca! Recuerda que ese hombre se va a casar, así que ni te ilusiones.

-¡Ya lo sé! ¡Pero es que me encanta! Tiene algo, no sé que es, pero me hace temblar.-Dijo sonriente.

Octavio se acercaba cada vez más y yo sólo quería que diera media vuelta y desapareciera. Lo odiaba, pero no lograba entender por qué, si no me había hecho nada y a penas nos conocíamos. Sólo con el tiempo comprendí que lo que más odiaba era haber empezado a quererlo de un momento a otro y sabiendo que lo nuestro nunca podría funcionar.

martes, abril 27, 2010

MEMORIAS

Capitulo II

Al oír ese comentario sentí que la ira se apoderaba de mí, pero era una dama, debía mantener la compostura, ya estaba llegando muy lejos con los gritos, tenía que tratar de controlarme.

-Si yo hubiera sabido que al atender este negocio me iba a encontrar con patanes, mal educados, impertinentes y ordinarios, tenga por seguro que no habría aceptado el trabajo. Ahora, será mejor que se vaya.-Dije con calma.

En ese instante me di cuenta de que Amir me miraba desde la puerta, había escuchado todo y su cara parecía una piedra de tanta tensión. Se acercó a Octavio un tanto temeroso y lo saludó:

-Octavio, amigo ¿cómo está?

-Estaba bien hace un rato, Amir. Esta señorita ha sido muy grosera conmigo. No pensé que tú dejarías tu negocio en manos de cualquier persona.-Dijo mientras me miraba con malicia pensando que él tendría el triunfo.

-Discúlpela por favor, es nueva en esto. Rosario, ven a disculparte con el señor Martínez.

-Hermano, ¿te has vuelto loco? Este hombre ha venido aquí a decirme cosas y tú quieres que yo me disculpe.¡No lo haré!-Contesté exasperada.

-Así que ¿son hermanos? Pues bien, Rosario yo le pido disculpas, talvez cometí un error pero no me arrepiento de lo que dije, al contrario, lo mantengo.

-Disculpe, Octavio ¿Qué fue lo que le dijo a mi hermana?-Preguntó Amir curioso.

-Nada, sólo que es muy hermosa y le pregunté cómo se llamaba, nada más.

Amir me miró moviendo la cabeza de un lado a otro y me ordenó seguir arreglando la mercadería en las vitrinas. Obedecí, pero seguía muy pendiente de lo que hablaban, a pesar de mi discusión con Octavio quería saber todo acerca de él.

-¿Cómo le fue la otra vez con el collar de perlas que compró para Trinidad?-Preguntó Amir hablando tan bajo que ni los perros podían oírlo.

-¡Excelente! ¡Fue mi paso a la gloria! Usted me entiende.-Contestó Octavio riendo.

-Y ahora ¿Qué quiere regalarle?

-A Trinidad nada. Ya es pasado. Ahora tengo una nueva conquista.

-¡Hombre, a usted no le falta! Si hace un mes que estaba enamorado de Trinidad y ahora ya la olvidó.-Comentó mi hermano con complicidad.

-No, Amir. No confunda las cosas, yo nunca me enamoro. Yo puedo quererlas un poco a todas, pero no pertenezco a ninguna. Ya tuve lo que quería de Trinidad, nuestro tiempo pasó y hoy mi corazón ha puesto sus ojos en Victoria. Pero no es un pez difícil de pescar, así que quiero algo bonito pero no tan caro. Llegar a la cama de Vicky no es tan difícil como haber logrado llegar a la de Trinidad.

Cuando escuché esto me llevé una gran desilusión, se suponía que ante mi tenía a dos caballeros, pero resultaron ser de lo peor. No podía permitir que hablaran de las mujeres como si fuéramos objetos, así que a pesar de todas las enseñanzas de mi madre de no contestarle jamás a un hombre me dejé llevar por mi impulso:

-Me pregunto si todos los hombres serán tan desgraciados como usted, Octavio. No sé como puede ser tan poco hombre para referirse así de una dama. ¿Se olvida de que su madre es mujer? ¡Sólo por eso debería respetarnos a todas! Y usted, Amir. Si nuestra madre supiera como se comporta por vender unas cuantas joyas más sentiría vergüenza. ¡Ni si quiera han sido discretos! ¡Oí todo! ¡Par de idiotas!

Dicho esto, me fui dejándolos atónitos. No se lo esperaban para nada, y a pesar de sentirme un poco osada en un principio pronto sentí gran alivio de haberme expresado. Me fui a la casa en busca de paz, mi madre bordaba concentrada así que no notó mi llegada, silenciosa subí a mi dormitorio y me puse a pensar. A pesar de todo, Octavio tenía una linda sonrisa, había algo en él que lo hacía atractivo, pero lamentablemente era un completo desastre. Un mujeriego por naturaleza, y eso fue lo que me hizo odiarlo más, yo nunca podría ser la única.

Llegó la hora de la comida y tuve que ayudar a mi madre a disponerlo todo, era parte de su enseñanza de labores domésticas para cuando me casara, tenía que estar bien preparada. Cuando estuvo todo listo, nos sentamos junto a Gaspar y a Pascual en el living a esperar a Amir para poder cenar. No pasó mucho rato hasta que llegó, pero no venía solo.

-Buenas noches, familia. Esta noche traigo a un invitado, quiero presentarles a un gran amigo y cliente, Octavio Martínez.-Dijo mientras me miraba con desaprobación.

-Buenas noches señora, es un placer conocerla. Amir me ha hablado mucho de usted.

-Nassiha Slaib, encantada.-Se presentó mi mamá.

-Madre, he insistido en que Octavio nos acompañe a comer. Es una forma de disculparme por lo que ha pasado con Rosario.

Mi madre me miró de manera fulminante, pero como siempre fingió y le preguntó a mi hermano que había pasado. Amir le relató todo, aunque omitió las partes que más la espantarían para evitarle un disgusto y a mi un castigo más severo del que ya tendría.

Después de la cena, mis hermanos y Octavio se quedaron en el living tomando arac, un exquisito licor árabe, y mi madre se puso a limpiar, no quiso mi ayuda. No quería verme, estaba demasiado enojada y tenía que pensar en un castigo, obviamente conmigo a su lado sabía que no iba a poder hacerlo. Ella no se daba cuenta de que ya había crecido y yo no me daba cuenta de lo que había hecho estaba bien, no dejaba de sentirme avergonzada.

Me fui al jardín a mirar la luna y pensar, corría un aire tibio de verano, todo era perfecto hasta que llegó la persona que menos deseaba ver en ese momento.

-¿Por qué tan sola? Una noche tan hermosa debería disfrutarla en compañía.

-No necesito los ojos de alguien más para mirar el cielo, afortunadamente tengo los mío en perfecto estado.-Contesté indiferente.

-¿Siempre eres así de arisca? ¿Te gusta ser tan amargada?

La mirada de Octavio ha sido algo inolvidable a través de los años y gracias a eso recuerdo tan bien esa noche. Al hacerme esa pregunta nuestras miradas se encontraron y quedaron fijas, en ese momento supe que ese hombre no pasaría inadvertido por mi vida…a pesar de lo que pasó después.

lunes, abril 26, 2010

MEMORIAS

Capítulo I

Aquí estoy, hundida en la soledad que acumulé con los años, en medio de una noche silenciosa y fría, recordando el pasado con gran nostalgia. La verdad es que me di cuenta de que se me ha pasado la vida, mi tiempo se acabó y nunca hice algo para ser feliz. Sola, siempre sola desde que murió mi madre hace muchos años, negada a ser la mujer que tanto esperaron que fuera y hoy, quizá, me arrepiento un poco de eso.
He guardado tantas cosas en mi corazón marchito, que seguramente ya he olvidado unas cuantas. Pero de todas las cosas que he callado, hay una que hoy quiero confesar, algo que nadie sabe y que creo que fue lo mejor que me tocó vivir. Aunque nunca me casé y sólo tuve dos novios (a pesar de un sin número de pretendientes), una vez me enamoré, y amé tanto que llegué a pensar que me iba a morir cuando todo se terminó. Pero aún así, es el mejor tesoro que conservo hasta hoy.
Todo comienza cuando mis padres llegan a Chile en 1927, venían del Líbano huyendo de la guerra, estaban prácticamente recién casados y ya habían tenido a su primer hijo, mi hermano Amir que a penas tenía dos años. Una fortuna los esperaba en el pequeño pueblo llamado Valle de Luna, ubicado al norte grande del país.
Mi padre había estado ya en Chile haciendo negocios para poder traer una mujer desde sus tierras con la cual formar una familia, fue por eso que después de ahorrar el dinero suficiente volvió al Líbano en busca de una paisana para casarse. Pero al llegar se encontró con un panorama distinto, las personas en las que había confiado sus negocios lo estafaron y lo dejaron sin nada, tuvo que comenzar todo de nuevo. El trabajo fue duro y la familia comenzó a agrandarse, a dos años de su llegada a al país nació mi hermano Pascual, tres años mas tarde nació Gaspar y por último llegué yo, un año y medio después.
Mis padres lograron prosperar, mi papá se dedicaba a vender joyas por aquí y por allá, viajaba por todos los alrededores y tenía unos cuantos clientes. Mi madre por su parte sólo se dedicaba a la casa, a cuidarnos a nosotros y de vez en cuando a bordar, que era su único pasatiempo. Las cosas marcharon bien por un tiempo, teníamos una buena casa y no nos faltaba nada, vivíamos bien a pesar de toda la desilusión del comienzo.
Lamentablemente la paz y la felicidad que habíamos alcanzado se terminaron de un momento a otro. A penas tenía seis años cuando murió mi padre, un ataque a al corazón acabó con su vida y quedamos solos, prácticamente desamparados y a la deriva. Mi madre estaba destruida, lejos de su familia y con cuatro hijos que mantener, fue uno de los periodos mas terribles que pasamos, yo lo recuerdo así.
Amir tomó el lugar de hombre de la casa, tuvo que dejar la escuela y ponerse a vender joyas, tomando así el mismo oficio de nuestro padre. Gracias al duro trabajo de él y de mi madre que lograba conseguir la mercadería a buen precio, pues había aprendido mucho de su marido, a los pocos años lograron conseguir un local para poner una joyería y relojería, que sería manejada por ambos. Así comenzó la joyería Slaib, gracias a que todos los clientes que Amir había conseguido como vendedor ambulante se hicieron también asiduos del nuevo negocio por lo que el éxito era seguro.
Cuando cumplí los dieciocho años mi hermanó decidió aceptar mi ayuda en el local. Él quería dedicarse a la política y el tiempo no le alcanzaría para hacer las dos cosas por eso todos apoyábamos su decisión, ya era hora de que Amir se dedicara a alcanzar sus sueños. Pascual estaba estudiando medicina y Gaspar estudiaba derecho, Amir se esforzaba para pagarles sus carreras, y su salto a la política era para poder hacer más por la gente y por nosotros. Claramente y por descarte yo era la única persona disponible para tomar las riendas del negocio, al menos mientras llegaba el hombre con el que me casaría y formaría un hogar. Fue así como primero decidió ponerme a prueba, por lo que entraba y salía constantemente de la joyería. Aún me recuerdo, joven y bonita, con una cintura envidiable, ordenando las vitrinas del negocio.
Un día en el que estaba sola poniendo nueva mercadería en el mostrador, entró un joven alto, delgado, tez blanca y una sonrisa encantadora que me cautivó. A pesar de mi nerviosismo quise actuar con naturalidad:

-Buenas tardes. ¿En que puedo ayudarlo?

-Buenas tardes, ¿Podría hablar con Amir?-Preguntó sonriendo.

-Lo siento, él no esta. Yo estoy a cargo mientras el vuelve, dígame si puedo ayudarlo.

-Soy Octavio Martínez, un gran cliente y amigo de Amir. Lo esperare, así aprovecho de saber un poco mas de usted.-Dijo con picardía.

-No entiendo para que querría saber más de mi.-Contesté con frialdad

-Bueno, para saber si tengo la posibilidad de estar con un ángel como tú, tan hermoso y delicado. ¿Cuál es tu nombre?-Preguntó Octavio en tono galante.

En ese momento pensé que ese hombre tan buen mozo se veía mejor con la boca cerrada. Me pareció un patán de lo peor, así que le puse un alto de inmediato.

-No creo que eso a usted le importe, señor Martínez. Si vino aquí para comprar le sugiero que lo haga y si no váyase. No me interesa conversar con un desubicado atrevido como usted. ¿No se da cuenta que yo podría estar casada o comprometida?

-¡Fue sólo un piropo señorita! ¡No se enoje! De verdad, usted es muy hermosa. Y no está casada, no puedo tener tan mala suerte.

-¿Por qué no va a piropear a su abuela mejor? Yo estoy aquí para vender, no para recibir piropos de un desconocido. ¡Váyase por donde vino y no vuelva!-Dije gritando

-¡Qué carácter! Si hubiera sabido que por un cumplido aparecería una bruja amargada, hubiera evitado decir cualquier cosa.-Contestó serio.

martes, octubre 20, 2009

¡Protesto!

Creo que las mujeres en general tenemos un ojo desgraciado para elegir a los hombres con los que queremos estar.No,en serio, parece que el asuntito de la manzana nos marcó por el resto de la eternidad,según lo que he observado creo que unas vacaciones en el infierno es más placentero que tener una relación.Bueno, si hay excepciones,pero creo que son las menos porque al menos en mi circulo (repleto de mujeres) como he mencionado más de alguna vez,son pocas,quizas una la que ha tenido esa suerte.
Cuando no son mamones son dramáticos y densos,cuando no son desconfiados y celosos son infieles,cuando no son adictos al fútbol son gays,y así...sigan rellenando ustedes porque me da lata seguir.El punto aqui es que tengo la teoría de que tenemos un imán para atraer al que menos nos conviene y más encima prácticamente nos tiramos de guata para ser su alfombra,estoy hablando por todas aunque a mi no me ha pasado y espero no me pase...pero por si las moscas me incluyo.
Resulta que se nos presenta este príncipe azul,porque al principio eso es,con todas sus virtudes,en un caballo blanco a rescatarnos del pastel anterior,porque asúmanlo,siempre hay otro antes,mejor o peor da lo mismo,el asunto es que lo hubo.Y llega a nuestras vidas a demostrarnos que el amor si existe,que no todos los de su especie son iguales,que el es mucho mejor y tu eres afortunada por tenerlo y ¡paaaaaaaaaaaaaaaaafff! Pasaron los meses y resulto ser una mierda igual que todos los otros. Pero tu lo amas,y es que él tuvo tantos problemas antes de ti que asi como te salvó debes salvarlo tú ahora,él te necesita,contigo afloraron todas sus emociones y eres responsable por eso.Es que al pobrecito una mina lo engaño con otro,es que pucha su familia es un desastre,es que es tan sensible,es que le pegaban cuando era chico por eso te saca la cresta.Bla,bla,bla,justificaciones sin sentido.
Yo me pregunto ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo la vida de una mujer debe girar en torno a ellos? ¿hasta cuándo las humillaciones? ¿hasta cuándo los insultos y los golpes? ¿hasta cuándo las mujeres tendremos esa bendita paciencia con los que no se la merecen? Digan basta de una vez.
Claro,para la mina loca que escribe es re fácil decirlo,por algo está sola.Bueno para ustedes también sería fácil ponerse los calzones,afirmárselos bien y descucbrir que si no tienen un pene al lado no es el fin del mundo.Es una etapa más hasta que llegue el que de verdad vale la pena,que puede ser cualquier tipo que va por ahí y las ve mientras ustedes luchan por mantener su relación con el príncipe pastel.Sosteniendo lo insostenible.
Creo que cuando alguien te ama no te quita tus libertades,que nunca te sacará en cara nada de lo que hace por ti,que jamás querrá verte llorar,no te mentirá ni se irá con la primera que se le cruce,que no te tendrá como una esclava.Creo que alguien que te quiere jamás te dirá que hacer y te dejará decidir lo que quieres para ti,te dejará explorar el mundo como quieras y respetará las diferencias que existan entre ustedes.Creo que alguien que quiere construir algo contigo no te alejará de las otras personas que son importantes en tu vida,como tus amigas y tu familia.El hombre que no respeta tus derechos como mujer libre y pensante,que cree que aún vive en la edad media,creéme que no se merece ni una pizca de tu atención y tu amor.Si estas o estuviste con uno así ¡no llores! piensa en la suerte que tuviste porque ya salió de tu vida y pronto llegará otro pastel con el que aprenderás algo más y así hasta llegar al indicado.
¿No es preferible estar sola a estar mal acompañada? Mujeres,como dijo un sabio poeta llamado Nemer:"NO AMES A TAL PUNTO QUE DEBAS CAMBIAR TU ALMA POR LA DEL SER QUE AMAS" Esas relaciones tormentosas no llevan a ninguna parte,generalmente los que te engatusan son psicópatas con años de experiencia que buscan a las mujeres mas vulnerables que saben que podrán manipular con facilidad.
Piensa,si esa persona que amas ha cambiado gran parte de ti,te censura y te obliga a pensar como él,entonces no te ama,solo te quiere como un adorno en su casa y es ahí cuando tienes que pensar en la constante lucha que damos para tener un lugar digno en el mundo (cosa que las musulmanas no han logrado),incluso despues obtener derecho a voto,ncluso en la sociedad de hoy,incluso despues de una mujer presidenta.Sólo resta preguntar ¿eres feliz?

Astrid Zalaquett

miércoles, octubre 14, 2009

Tarde

Cuando ya no me necesites,
Cuando deje de ser tu terapia,
Cuando deje de escucharte,
Cuando deje de mirarte,
Cuando ya no te consuele
Ni responda tu llamado,
Cuando deje de ser tu droga
Porque mis dosis ya no serán efectivas,
Cuando mi frialdad vuelva a
Ser la misma de siempre,
Cuando me vuelva indolente ,
Cuando me busques y no
Me encuentres donde
Siempre te he esperado,
Será entonces,despues de haberme
Olvidado y desechado,
Que volverás buscando todo
Lo que antes te había dado.
Para ese entonces será
Muy tarde, pues no me pidas
Ser la misma, no.
En ese tiempo estaré lejos,
Siendo la que fui, cerrada.
Ya me habré cansado de
Consolar y no ser consolada,
De escuchar y no ser escuchada.
Para es entonces seré egoísta,
mentirosa y despreocupada,
Para ese entonces,quizás,
Seré feliz.

lunes, septiembre 28, 2009

Agonía

Mi corazón agoniza nuevamente
Porque tengo miedo de olvidar,
Desde hoy muere gran parte de ti
Y por ende, gran parte de mí.

Dolor, tanta amargura acumulada
En mi pecho intranquilo,
Tantas lágrimas derramadas pero
Muchas más escondidas.

Muero lentamente y veo pasar
Mi vida, vacía y sin sentido,
Mis ojos apagados y tristes
No encuentran el sol.

Muero, y quiero morir,
Quiero acabar con el pesar
Que me atormenta sin piedad,
Quiero morir para descansar.

Mi cabeza es un palacio de
Pensamientos sin sentido,
Es el hogar de la locura
Que ahoga a mi razón.

¿Qué agonía es esta que no termina?
¿Por qué se alarga y me domina?

Temo olvidar como tantas veces
Lo he hecho de manera inconciente,
Así mueren ciclos, lugares y gente,
Y a ti no quiero perderte.

Ya has volado lejos de mí,
Tu ausencia pesa en mi alma
Que se siente incompleta
Desde tu partida.

Sin un adiós, así me condenaste,
Así me dejaste, sin respuestas,
Me abandonaste a mi suerte
En una guerra perdida contra la muerte.


Allegra.

martes, septiembre 22, 2009

Mentiras

Me he dado cuenta de que estoy mal enfocada en esta vida…creo que probablemente en las anteriores también (si es que las hubo). Soy una ilusa, una ingenua, una tonta que piensa que la verdad debe ir siempre por delante por mucho que cuesta asumirla. Pienso que mentir es algo que nunca trae nada bueno, no creo en las mentiras blancas y las omisiones…son dudosas porque se adecuan a la conveniencia de cada cual. No digo que no miento, no creo que eso sea posible, pero al menos trato de mentir lo menos posible, sobre todo en situaciones serias en las que de una mentira se comienza una red inmensa para poder salvar el pellejo.

¿La mina cuática? Demás, pero piensen en que situación han zafado bien de una mentira. ¿Quién puede sentirse bien al mentirle descaradamente a alguien que se supone que quieres? Al menos para mi nunca ha sido grato, es probable que hasta sea tildada de tonta (que creo que lo soy) porque prefiero confesar y quedar tranquila a seguir sosteniendo algo que en algún momento se terminará y será peor.

Quizás lo más propicio de ahora en adelante es que me vuelva una mitómana, pero ni eso me resulta, ya me han dicho que mi cara me delata. Supongo que deberé tomar clases de actuación en algún lugar para controlar la risa y todo eso, para mentir de manera profesional digo yo. Si, ahora tengo como meta ser una “cara e’ raja” que va por la vida mintiendo y omitiendo cosas, total, todos estan en la misma ¿o no?

Yo sola no puedo salvar el mundo, ya me resigne a que no me aparecieron súper poderes para combatir el crimen, me resigné a no ir a Howgarts, me resigné a que Edward es de Bella y que probablemente no exista un vampiro como él para mi. Definitivamente puedo resignarme a que la honestidad es un defecto y no una virtud, y claro que puedo resignarme a ser una mentirosa, obviamente todo será más fácil. Creo que se acabaron mis problemas.

De ahora en adelante simplemente no me crean.

sábado, septiembre 19, 2009

Adiós

Cerati escribió: "Poder decir Adiós es crecer", yo me pregunto ¿por qué cuesta tanto? Las despedidas duelen y calan lo más profundo del alma, y no sólo el adiós a las personas, también a las cosas o a ciertas situaciones de la vida que nos han llenado de felicidad...o la han simulado al menos.

Creo que siempre sabemos cuando se acerca el fin de algo y de antemano empezamos a lamentarnos, así es como uno se da cuenta que es difícil crecer y que cada paso es más doloroso que el anterior. Me encantaría saber si en algún momento deja de ser así, lo único que tengo claro es que cuando alcanzamos la sabiduría ya no nos sirve de nada porque estamos con un pie en el cajón.

No, nunca me ha gustado decir adiós, de hecho lo detesto y creo que ese es uno de mis mayores defectos, no me adapto a los malditos cambios aunque yo misma sufro constantes mutaciones.

Yo no quiero decir adiós nunca más, creo que esto se debe a que me he despedido tantas veces que ya prefiero evitarlo y dejar ciertas cosas inconclusas para mantener la esperanza de que alguna vez volverá a ser todo como antes. ¿Muy pendejo?, puede ser pero al menos me funciona de vez en cuando para evadir la realidad.

Adiós, cuesta decirlo, cuesta asimilar que hay personas que se van de tu vida, que ese ciclo ha terminado y que tú no acabas con él, es difícil y extraño estar conscientes de que se puede seguir a pesar de todo. Y aunque sé todo esto, la angustia me mata cada vez que alguien que amo se aleja de mí.

Me niego a decirte adiós pero sé que nada será igual, puedo ver más allá de lo evidente. ¿Será que no quiero crecer?

viernes, julio 03, 2009

Innecesario

No se lo que nos une todavía,
Sólo se lo que nos separa y
Nos separará siempre,
Sin importar la lucha.

Es una batalla perdida,
Una muerte segura,
Un dolor incesante que
No tiene cura.

A veces nos pesa más el odio
Que el amor que sentimos,
Ganan las mentiras y
Pierde el perdón.

No hay razón para seguir.
Lo peor, es que da igual
Cuánto lo intente, cuánto insista,
Tu poder sobre mi es más fuerte.

Es más fuerte que mi voluntad y
Que mí sentido común, tanto,
Que al final siempre termino
Creyendo que es mejor rendirme.

Pero ya no quiero este dolor,
No quiero el sabor amargo
De las palabras hirientes que
Se asoman de tu boca sin piedad

No quiero ese veneno
Que Se filtra en tus ojos
Al mirarme fijamente
Después de discutir.

No, ya no quiero eso besos
Llenos de cinismo e ironía
Mientras nos disculpamos
Fingiendo que somos honestos.

Dejemos de una vez el masoquismo
Del que somos tan adictos,
Abandonemos este amor tormentoso
Y pretendamos ser felices.




Allegra.

jueves, junio 04, 2009

Estela

Sé que mi Estela brilla en algún lugar
Aunque a veces me cuesta encontrar su luz.
Sé que ahora anda por caminos eternos,
Alejada de los pesares y el dolor.

Era mi estrella más preciada,
Mi tesoro más querido, pero
Ya no queda nada, sin darme cuenta y
Sin quererlo, la he perdido.

Nada describe su ausencia,
Nada lo compensa.
Me siento confusa, enojada,
Frustrada…Me siento perdida.

Mi Estela, mi dulce estrella.
Era tan bella, mi estrella,
Que su esplendor sólo tiene lugar
En el cielo infinito.

Ni si quiera el tiempo, ni los años,
Podrán extinguir la inmensa luz
Que ha dejado viviendo aquí,
Porque no ha muerto y jamás lo hará.

Sé que mi estrella brilla en algún rincón,
Talvez en uno triste y apagado,
Quizás marchito,
Como lo es mi corazón.


Allegra